Galería de Cosas

Cuando formamos Cosas Invisibles sabíamos que la literatura tendría un lugar fundamental en nuestro trabajo. Lo que no sabíamos era que de la mano de los cuentos íbamos a ser encantadas por la magia de la ilustración.
La Galería de Cosas es el modo que encontramos de compartir las producciones de los artistas que nos conmueven.
Todos los meses renovamos el o la artista, cada semana un nuevo dibujo, ilustración o collage (las opciones son muchísimas, las técnicas y recursos también son una sorpresa).
Para cada imagen elegimos poesías y textos de escritoras y escritores que admiramos con igual pasión.
El inmenso trabajo de estos creadores y creadoras embellecen las publicaciones de nuestras redes sociales.

Aquí, las obras que compartimos:

Irene Macera

1

Irene Macera es ilustradora, educadora, gestora cultural de la ciudad, con la que nos une un vínculo muy especial. Entre otras cosas porque Irene, junto a Soraya Tonsich y Rosana Guardalá, nos dedicó palabras conmovedoras en la presentación en la Feria Internacional del Libro de Rosario de “Mine y tiempo”, el primer título de Ediciones Cosas Invisibles. Además, porque admiramos su trabajo, personalísimo, inspirador.

Irene, junto con Amalia, tienen un proyecto hermoso de objetos sublimados con diseño propio que recomendamos visitar: Inventarentreamigas

 

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Acompañamos de poesía. “Salvación” de Carlos Battilana:

Levanto con pocas migajas
las posibilidades del día

el sol de la terraza
amanece
otra vez,
por suerte

sonreír ante lo evidente
–las plantas,
la ropa doblada
en la silla,
el muro manchado de gris–
como los marinos
en medio del mar
que conocen los márgenes
efímeros de salvación
y aun así, ante el inminente naufragio,
rodeados de olas gigantes
y sumergidos
en el centro de la tormenta,
respiran, no dejan de respirar,
reconocen en el aire,
frontalmente,
no la última
sino la primera oportunidad.

 

2

Somos fanes de los dibujos de Irene, llenos de detalles, con mujeres que hacen, que están presentes y plantadas en la escena, preguntándose por ellas, cuestionando el mundo y sus normas. Las obras de Irene son políticas y poéticas, la escena elegida en esta ocasión, no es una excepción, vean la pausa y el carácter de esa mano en el bolsillo, los ojos abiertos sin desesperación, la tetera, que nos promete una próxima vuelta y el sillón que compone un ambiente de escucha y reflexión. Todo ahí nos invita, nos convoca.

 

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Elegimos acompañar esta imagen de Río, un poema de La cura de Claudia Masin

Vuelve a erigir la casa y bordemos la historia.
Vuelve a contar mi vida
Olga Orozco

Cuando era chica, a la hora de la siesta, no quedaba en la casa
ni una sola persona (salvo yo) despierta. A veces
algún hecho inesperado rompía la tranquilidad y había
que salir corriendo, contárselo a quien se pudiera:
ninguna cosa -triste, hermosa o terrible- tiene sentido
si nadie más la está viendo. El día
en que pasaron un par de caballos viejos, llevados
de las riendas por sus dueños, y entraron en el río
en medio del calor insoportable, conté la escena
pero no dije nada de esas bestias lentas, que iban
con la cabeza gacha, cansadas de antemano,
acostumbradas a la obediencia. En mi relato
eran potrillos ariscos que habían llegado de lejos,
levantando una polvareda, una tropilla
que había entrado corcoveando al agua a buscar el fresco.
¿Es siempre una mentira distorsionar
los hechos, inventarle a la vida una nueva combinación, un orden,
un sentido diferente? ¿Y si lo efectivamente sucedido
se disgregara una y otra vez al ser narrado
como una piedra erosionada por el viento,
hasta terminar reagrupando sus partículas
en una nueva historia, tan cierta
como la original? ¿Sería posible
hacer vacilar los hechos inconmovibles, derrumbarlos,
levantar otros en su lugar, igual de sólidos
o todavía más? Tal vez no compartimos relatos
para hacernos conocer, ser transparentes
o sinceros, sino para inclinarnos junto a otra persona
sobre la vida que tuvimos y decirle: ¿ves?
acá es donde empezó el deterioro, donde me di por vencida
y acepté que la fealdad o la tristeza
eran irreversibles. Habría que volver atrás, entonces,
a inventar lo nuevo de la historia malograda,
a reparar lo que se ha roto y recomponer las paredes
precariamente sostenidas, los rebordes descuidados,
los lugares que quedaron abandonados o inconclusos,
como un albañil que maneja las herramientas toscas
con toda la delicadeza de la que es capaz
hasta que logra encontrar la forma
a la vez simple y hermosa
de combinar los materiales con los que cuenta
para transformar lo que estaba dañado, eso que todos decían
que no tenía arreglo.

Manuela Montoya Escobar

1

Ilustradora, diseñadora, colombiana, nacida en Medellín. Actualmente, vive en Barcelona y trabaja en lade Arte de ELISAVA (Escuela Universitaria de Diseño e Ingeniería). Desde pequeña, es una incansable exploradora, en el bosque descubrió que los trazos de lápices y pinceles pueden componer el mundo que vemos como más nos gusta.
Esta ilustración ilustración es del Oso anteojos del Valle colombiano: Cocora (1880 metros), y forma parte de un proyecto conjunto entre Qualibet y Manu Montoya.
En la postal dicen que: “Nos asombra saber que existen palmeras en los más alto de los bosques de niebla, y que en ciertas temporadas del año los osos de anteojos cachorros suelen escalarlas para comer sus frutos. Gracias a estas dos especies muchas otras pueden existir; el oso es un polinizador nato debido a su pelaje y la palma de cera provee de alimento a gran variedad de especies silvestres, crea también un paisaje único en el mundo en el valle de Cocora.”

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Acompañamos toda esta magia con un cuento de Julio Cortázar
Historia Verídica
A un señor se le caen al suelo los anteojos, que hacen un ruido terrible al chocar con las baldosas. El señor se agacha afligidísimo porque los cristales de anteojos cuestan muy caros, pero descubre con asombro que por milagro no se le han roto.

Ahora este señor se siente profundamente agradecido, y comprende que lo ocurrido vale por una advertencia amistosa, de modo que se encamina a una casa de óptica y adquiere en seguida un estuche de cuero almohadillado doble protección, a fin de curarse en salud. Una hora más tarde se le cae el estuche, y al agacharse sin mayor inquietud descubre que los anteojos se han hecho polvo. A este señor le lleva un rato comprender que los designios de la Providencia son inescrutables, y que en realidad el milagro ha ocurrido ahora.

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Esta ilustración se llama Selva. Es una imagen llena de colores intensos que nos sumerge en un ambiente frondoso, indudablemente selvático. Al verla pensamos en el cruce entre sueño y realidad, entre idea y representación, en eso que hay entre lo que imaginamos y lo que producimos. Una y otra ¿son la misma cosa? ¿qué es lo verdadero?

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Compartimos, en sintonía, El Etnógrafo, un cuento de Jorge Luis Borges

El caso me lo refirieron en Texas, pero había acontecido en otro estado. Cuenta con un solo protagonista, salvo que en toda historia los protagonistas son miles, visibles e invisibles, vivos y muertos. Se llamaba, creo, Fred Murdock.

Era alto a la manera americana, ni rubio ni moreno, de perfil de hacha, de muy pocas palabras. Nada singular había en él, ni siquiera esa fingida singularidad que es propia de los jóvenes. Naturalmente respetuoso, no descreía de los libros ni de quienes escriben los libros. Era suya esa edad en que el hombre no sabe aún quién es y está listo para entregarse a lo que le propone el azar: la mística del persa o el desconocido origen del húngaro, la aventuras de la guerra o del álgebra, el puritanismo o la orgía. En la universidad le aconsejaron el estudio de las lenguas indígenas. Hay ritos esotéricos que perduran en ciertas tribus del oeste; su profesor, un hombre entrado en años, le propuso que hiciera su habitación en una toldería, que observara los ritos y que descubriera el secreto que los brujos revelan al iniciado. A su vuelta, redactaría una tesis que las autoridades del instituto darían a la imprenta. Murdock aceptó con alacridad. Uno de sus mayores había muerto en las guerras de la frontera; esa antigua discordia de sus estirpes era un vínculo ahora. Previó, sin duda, las dificultades que lo aguardaban; tenía que lograr que los hombres rojos lo aceptaran como a uno de los suyos. Emprendió la larga aventura. Más de dos años habitó en la pradera, bajo toldos de cuero o a la intemperie. Se levantaba antes del alba, se acostaba al anochecer, llegó a soñar en un idioma que no era el de sus padres. Acostumbró su paladar a sabores ásperos, se cubrió con ropas extrañas, olvidó los amigos y la ciudad, llegó a pensar de una manera que su lógica rechazaba. Durante los primeros meses de aprendizaje tomaba notas sigilosas, que rompería después, acaso para no despertar la suspicacia de los otros, acaso porque ya no las precisaba. Al término de un plazo prefijado por ciertos ejercicios, de índole moral y de índole física, el sacerdote le ordenó que fuera recordando sus sueños y que se los confiara al clarear el día. Comprobó que en las noches de luna llena soñaba con bisontes. Confió estos sueños repetidos a su maestro; éste acabó por revelarle su doctrina secreta. Una mañana, sin haberse despedido de nadie, Murdock se fue.

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Esta ilustración se llama  “Belleza de ébano…”

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Elegimos ponerla en comunión con este poema de Lucille Clifton, traducido por Ezequiel Zaidenwerg

¿POR QUÉ NO VIENEN A FESTEJAR CONMIGO?

¿por qué no vienen a festejar conmigo
esta especie de vida
que moldeé? no tenía modelo.
nacida en babilonia
no blanca y mujer
¿qué imagen y semejanza más que la mía?
me la inventé
acá en este puente entre
la luz de las estrellas y la arcilla,
una mano aferrada
a la otra; vengan a festejar
conmigo que todos los días
alguien me intentó matar
y no pudo.

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Cuarta imagen de Manu Montoya en la Galería de Cosas. Hemos hecho un recorrido por su obra a partir de la selección personal de sus favoritas para acercarnos a su mirada de la selva, el bosque, sus animales y sus misterios convertidos en imágenes de acuarela.
La de hoy es parte de “Walking forward” y nos muestra la prueba de materiales, la paleta de colores y los personajes, los elementos básicos para desarrollar un proyecto.

Le agradecemos haber compartido su obra en nuestra Galería. No dejen de visitar la página de Manu, su trabajo es hermoso:
https://manumontoya.com/

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Como cada sábado, además de disfrute para nuestras miradas les invitamos a la poesía. Ustedes ¿leen en silencio? ¿en vos alta? ¿prefieren escucharla leída por otrx? ¿leída por su autora o autor? Todas son opciones válidas.
Hoy, un poema de Gioconda Belli que se llama “Mayo”

No se marchitan los besos
como los malinches,
ni me crecen vainas en los brazos;
siempre florezco
con esta lluvia interna,
como los patios verdes de mayo
y río porque amo el viento y las nubes
y el paso del los pájaros cantores,
aunque ande enredada en recuerdos,
cubierta de hiedra como las viejas paredes,
sigo creyendo en los susurros guardados,
la fuerza de los caballos salvajes,
el alado mensaje de las gaviotas.
Creo en las raíces innumerables de mi canto.

Luciano Lozano

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Presentamos artista. Luciano Lozano es oriundo del sur de España y estudió, vive y trabaja en Barcelona desde 2007.
Colabora con editoriales, periódicos y revistas de países como Inglaterra, Estados Unidos, Francia, Alemania.
Para inaugurar la serie de sus trabajos hemos elegido una postal de 2013 que evoca la poética doméstica de lo cotidiano.
Recomendamos ver más de lo que hace aquí:
http://ilustrista.com/

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Jugamos a imaginar en qué estará pensado esa chica… ¿podrá ser algo parecido a lo que nos proponen las palabras de Nuria Otero?

Echar raíces consiste
en este extraño ejercicio de rutina:
tender al sol,
encender el fuego,
peinarme despacio sin espejo
que avale el resultado,
recoger las flores amarillas
de la primavera,
caminar cada día
junto al mismo río
que nunca es el mismo río
y morir un poco cada otoño,
soñando viajar a uno de esos lugares
que ya no la sueñan a una
Madrid Barcelona Buenos Aires o Roma.
Echar raíces consiste
en esta extraña manía de arriesgar
los sueños, el talento o la vida
a una sola jugada
y acertar.
Tal vez.

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Les presentamos a la simpática Bea, protagonista de “Bea baila”, el álbum ilustrado de Luciano editado en 2017 por Tres Tristes Tigres, en el que por primera vez, además de dibujar, es responsable de la historia.

¿Alguna vez sentiste que no podías cumplir con lo que se esperaba de vos? Algo parecido le pasa a Bea. “El tema –cuenta el autor en una entrevista– es que cada persona tiene una forma distinta de aprender, y que a veces choca con lo reglado y uniforme con que se intenta enseñar todo.”

Pueden leer la nota completa acá:
http://www.unperiodistaenelbolsillo.com/luciano-lozano…/

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Compartimos un poema de Juana Bignozzi

La vida en serio

Ahora he descubierto el sol, los perros y las mentiras.
La vida es más lógica, no he dicho mejor, sino más lógica.
Cierro los ojos y tomo sol, juego con un perro tan vulgar
que es imposible sentirse separada de él y miento.
Eso me obliga por las noches a sacarme los zapatos
como quien se desnuda,
a caminar descalza por mi casa,
a llorar a solas cada tanto.
Ahora miro a una mujer ni linda ni fea,
pienso que la pequeña vida continúa
y que todo dolor importante tiene testigos,
aunque sean un perro, el sol o las mentiras.

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Esta ilustración pertenece al libro “Tocar la luna”, publicado en 2016 por Ediciones La Fragatina.
La autora, Mar Pavón, cuenta la historia de Carolina, una niña que sueña con tocar la luna, y Luciano la ilustra con escenas tan bonitas que contagian las ganas de ponerse a mirar el cielo.

Pueden ver más acá:

http://www.ilustrista.com/

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¿Alguna vez quisieron tocar la luna? ¿Se preguntaron por qué no la vemos siempre del mismo tamaño? ¿O por qué sólo vemos las estrellas de noche? ¿Podrá ser que la luz nos oculte cosas en lugar de permitirnos verlas?

No sabemos si Flor Giusti se habrá hecho esas preguntas, pero seguro a mirado al cielo, su poesía así lo testimonia:

MARTE
Un día fuimos a una fiesta
en la que repartían hilos de algodón para salir afuera a fumar,
Hacía frío , tenía miedo,
no pude salir a tomar aire.
Te das cuenta de algunas cosas
cuando levantás la vista
en una noche oscura
y ves luces de colores.
Ese día nos comparamos con planetas.
Nos sentamos en la vereda,
con los ruidos de los autos pasándonos al lado
y conversamos sobre las cosas que no están bien,
que se parten en dos
cuando nos asustamos mutuamente.
Qué bueno es abrir la heladera
después de salir de noche
con todo el frío que hace
encontrar cosas que querés comer
o tener plata para comprar comida.
Encima de mí el cielo
es eso que veo
y no sé cómo decir.

En “Anillos de Saturno”, Corteza Ediciones, 2018.

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La cuarta ilustración pertenece al álbum “Bea baila” y nos invita a celebrar la música y los movimientos singulares de cada quien para hacerlos baile.

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De este lado del mundo estamos en primavera, hay pichones nuevos, brotes de verdes brillantes. Podemos escuchar su música y bailar.
Llenas de entusiasmo les proponemos la poesía de Louise Glück:

La felicidad

para Kelly
la felicidad son los objetos de cumpleaños
y la llegada de cosas dulces
cuando son inesperadas
la felicidad es cuando el instante
captura un rayo de sol y una risilla
sale de las tinieblas para echar un vistazo
la felicidad es cuando el cuerpo
rima con el corazón y todo nuestro ser
fluye como un torrente de montaña
la felicidad es cuando una diablura
baila como estrellas en los dedos
y no hay adultos a la vista
la felicidad tiene su propio reloj
llega en breves tics –luego
hace tac donde nadie la encuentra

Arabesca

1

Nair Farina (Arabesca) es una joven dibujante rosarina, estudió en la Facultad de Humanidades y Artes y como muchxs ilustradorxs independientes, edita fanzines –un modo de edición que tiene actualmente un nuevo impulso– y participa de ferias que los artistas gestionan y organizan para mostrar sus producciones.

La ilustración de hoy se llama polillas.

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Elegimos para acompañar una poesía del libro “El membrillo” (Periplo) de Clau Degliuomini que nos adelanta la primavera:

Cuando el sol duerme,
los árboles cantan.

Combinan sus olores
como nosotros las palabras
y entonan canciones de cuna.

Cuando florecen
su perfume invita a los visitantes
y ellos llenan con polen sus mochilas
para llegar lejos y multiplicarse.

Luego caen las flores
y crecen los frutos.

Seamos amables con los frutos.
En su interior,
el espíritu del árbol
duerme en las semillas.

Sueña con una camita tibia
donde despertar en primavera.

//

Abre tus oídos sensibles a la tierra:
no solo los árboles, todo lo que nos rodea
puede contarnos algo.

El sabor de una gota de rocío.
Un brote que estira el cuello bajo las rocas.
El suspiro de una flor que te despeina.
Un granito de arena encontrado en el bolsillo.

La niebla tímida entre los pastos,
en puntas de pie.

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invierno

 

Celebramos la obra de Nair, despedimos el invierno e invocamos a la primavera con una poesía de Lisel Mueller que es pura celebración y alegría.

La risa de las mujeres

La risa de las mujeres prende fuego
los Salones de la Injusticia,
y arden las falsas evidencias
a la luz de una hermosa claridad

Sacude las Cámaras del Congreso
y abre bien las ventanas por la fuerza
para sacar volando los discursos fatuos

La risa de las mujeres les desempaña
los anteojos a los viejos;
los contagia de una gripe feliz
y ellos se ríen como si volvieran a ser jóvenes

Los presos de las celdas subterráneas
se imaginan que ven la luz del día
cuando se acuerdan de la risa de las mujeres

Corre en la divisoria de agua
y reconcilia dos riberas hostiles,
como bengala que porta buenas nuevas.

Qué idioma, la risa de las mujeres,
ambicioso y subversivo.
Mucho antes de las escrituras y de la ley
ya oíamos la risa, entendíamos la libertad.

 

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¿Qué hay entre ser y parecer?
¿Se parecen en algo el cuerpo y la idea que tenemos de él?
¿Será posible conocernos?

Jorge Luján e ISOL hacen un dúo muy hermoso -vayan a buscar sus libros-. Elegimos este poema canción para acompañar a Arabesca

https://www.youtube.com/watch?v=RI45sxBX7Fw

SER Y PARECER

Soy lo más distinta de mí
que te puedas imaginar,
tengo la frente grande
y unas pocas ideas
que navegan en ella
como en una pecera.

Aunque mis orejas semejan
dos claves de Fa
mis oídos no distinguen
un Do de un La.

Mi nariz es diminuta
y anda perdida en mi cara,
pero puedo oler bizcochos
a dos cuadras de distancia.

Mi boca pareciera
estar siempre cerrada
y mete la cuchara
en la ocasión menos deseada.

Mis ojos con todo y lentes
no ven más que mi nariz,
aunque pueden percibir
los sentires de la gente.

Si tú quisieras conocerme
yo giraría sobre un pie
pero te esperaría un largo viaje
desde mi apariencia hasta mi ser.

CANCIÓN: SER Y PARECER
Voces: Isol, Jorge y Nicole Luján.
Teclado: Mariano Irschick.
Pista: Voltak.
Letra: Jorge Luján / Música: Vóltak (Nicole Luján y Giancarlo Fragoso)
Dibujos: Isol

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Acompañamos de un poema de Louis Glück

DESEO

¿Te acuerdas de cuando pediste un deseo?

Yo pido muchos deseos.

Cuando te mentí
sobre lo de la mariposa. Siempre me pregunté
qué pediste.

¿Qué crees que pedí yo?

No sé. Que volvería,
que al final de alguna manera estaríamos juntos.

Pedí lo que siempre pido.
Pedí otro poema.

Ana Sanfelippo

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Ana es argentina, nacida en Buenos Aires, es ilustradora y diseñadora gráfica, le gusta trabajar con música, y se nota en su obra. Explora diferentes materiales, pero los acrílicos son sus preferidos. Esta primera imagen es un cuento en sí misma, un terreno para explorar e imaginar sin límites, deténganse un instante a mirarla y hagan la experiencia.

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Nos gusta jugar con la mixtura entre la ilustración y la poesía, esta que acompaña es de Wisława Szymborska de “Fin y principio”

Sobre mi cabeza una mariposa blanca aletea en el aire
con unas alas que son solamente suyas,
y una sombra sobrevuela mis manos,
no otra, no la de cualquiera, sino su propia sombra.

Ante una visión así, siempre me abandona la certeza
de que lo importante
es más importante que lo insignificante.

2

Ana Sanfelippo, la artista que estamos presentando, hizo personalmente la selección de imágenes para la Galería de Cosas. Cuenta en su página que combina acrílicos y lápices para la creación de escenarios de colores vibrantes, y que ama hacerlo.
Pueden ver más del trabajo de Ana acá:
http://anasanfelippo.com.ar/

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Hablando de creaciones y de formas de hacerlo, les propenemos la lectura de un fragmento de “El diario de Adán y Eva” de Mark Twain, en el que Eva reflexiona sobre el paisaje y su adorno predilecto.

“Todas las cosas parecen mejores hoy que ayer. En la prisa por terminar, las montañas quedaron rugosas, algunas planicies repletas de desechos y con restos de cosas a medio hacer; su aspecto era penoso. Las obras de arte nobles y bellas no admiten la premura; y ciertamente, este nuevo mundo tan majestuoso es una obra noble y bella. Poco falta para que sea perfecto, pese a la rapidez de la ejecución. Hay demasiadas estrellas en algunos lugares, y son insuficientes en otros, pero eso puede remediarse, sin duda alguna. Anoche, la luna se aflojó, se resbaló y cayó fuera del mapa: una gran pérdida; se me rompe el corazón con sólo pensarlo. No hay ningún otro elemento de ornamentación y decoración que sea comparable a la luna en belleza y acabado. Deberían haberla sujetado mejor. Ojalá pudiéramos recuperarla.”

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A veces los días nos parecen cuesta arriba y el panorama se complica.
Sin embargo, siempre quedan posibles gestos de resistencia: leer algo que nos gusta, cocinar algo rico, comerlo, encontrarse para jugar.
La imagen de Ana Sanfelippo de hoy parece recordárnoslo.

Los invitamos a ver más del trabajo de Ana acá:
http://www.anasanfelippo.com.ar/

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Su optimismo acompaña la alegría por una gran noticia: está editado el primer libro de poesía de Belén Campero. Se llama “Cuando morimos nos quedamos en casa” y es una pequeña maravilla, “una experiencia hermosa” tal como escribió Selva Almada en la contratapa.
Y claro, les invitamos a compartir esta pequeña celebración con un poema de allí:

Tangram

I

Cuando llega la noche
nos quedamos solos
sentimos miedo
y anhelamos que venga el día
como si este
pudiera devolvernos algo.

Con mi hija tenemos preparados
ciertos rituales, pueden cambiar
pero, las dos sabemos cuáles son
los que mejor funcionan.

¿Mamá vos lo abrazás a papá de noche?
me pregunta, mientras yo le explico
que tiene que dormir sola.
Me doy cuenta de que casi siempre
pedimos a los otros lo que
por nosotros mismos no
alcanzamos.

Leemos Pipi Calzaslargas
un capítulo por noche, o casi,
dejamos en suspenso lo que ocurrirá
y nos pasamos el día jugando a adivinar.

En la mitad del libro, ella lo agarra
¿todo esto leímos má?
todo esto, respondo,
qué rápido pasa el tiempo,
no te preocupes, me apuro
que cuando terminemos
volvemos a empezar.

Después le canto dos temas,
sus preferidos,
luna lanar y peixinhos do mar,
la abrazzo y cuando siento que cambia
el ritmo de su respiración, le doy un beso
bojao primero una pierna
la otra, un brazo y el otro para salir de la cama
con medido cuidado
para que no se despierte.

II

Muchas veces me pregunto
cómo recordará su niñez,
qué será para ella un recuerdo
y, quizás por ese ejercicio de preguntarme,
descubrí
la voz dulce de mi nona
el mate de bombilla con un poco de leche
las tardes sentadas, las dos
hablando de sus historias
en las montañas, cerca del lago
en ese lugar en el que la escuela, a la que nunca fue,
quedaba tan lejos.

La palangana con agua caliente
para bañarnos,
el olor de la salsa con romero
y el sonido del tenedor
en la mesa de madera con harina
cada vez que amasaba ñoquis.

Criar es construir un nido, dar un lugar
criarse en encontrarlo
hacer el propio
es ir aprendiendo que
donde yo entro cabe otro,
no de cualquier forma
hay que ir probando
como si fuera un tamgram
como si fuéramos más
que un solo yo.

4

Esta imagen retrata a Lydia Becker (24 de febrero de 1827 – 18 de julio de 1890), líder de la lucha por el derecho a votar de las mujeres, científica autodidacta que se dedicó a la biología y que contribuyó al trabajo de Charles Darwin, con quien intercambiaba correspondencia, con su investigación sobre “plantas bisexuales y hermafroditas lo que, quizás, le mostró una evidencia ‘natural’ de la existencia de un orden sexual y social radicalmente alternativo”. [https://es.wikipedia.org/wiki/Lydia_Becker]

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Proponemos, acompañando, la lectura de Blanca Varela

Deja que pase esta sucia estación de hollín y lágrimas
hipócritas.
Hazte fuerte. Guarda miga sobre miga. Haz una fortaleza
de toda la corrupción y el dolor.
Llegado el tiempo tendrás alas y un rabo fuerte de toro o
de elefante para liquidar todas las dudas, todas las
moscas, todas las desgracias.
Baja del árbol.
Mírate en el agua. Aprende a odiarte como a ti mismo.
Eres tú. Rudo, pelado, primero en cuatro patas, luego en
dos, después en ninguna.
Arrástrate hasta el muro, escucha la música entre las
piedrecitas.
Llámalas siglos, huesos, cebollas.
Da lo mismo.
Las palabras, los nombres, no tienen importancia.

Escucha la música. Sólo la música.

Vero Scherini

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Nueva artista en la Galería de Cosas, con ustedes, Vero Scherini.
Vero se vale de múltiples técnicas (acrílico, acuarela, lápiz, herramientas digitales) para crear escenas un punto surrealistas.
La imagen que elegimos para inaugurar la serie integró el Anuario de Ilustradores 2015, un colectivo de trabajo cooperativo para la promoción de las y los creadores argentinos. Les invitamos a ver más aquí:
http://anuarioilustradores.com.ar/
Recomendamos más del trabajo de Vero acá:
https://www.flickr.com/photos/veroscherini/

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Hace unos días empezó el invierno en nuestro hemisferio pero el paisaje de zorritos y cebra nos hace pensar en paisajes lejanos, en otras estaciones, vamos de mudanza en mudanza, como el poema de Flor López.

FABRICANTES

No es primavera, te juro que no es primavera.

Caminamos dando giros a una parte ínfima de la ciudad,
la humedad hace que nos pese todo.
Los párpados entre tanto a la mitad,
algunos momentos, somos tan grandes que vemos todo a la mitad.

Tantas veces
entramos y salimos alrededor de esa plaza
como si nada,
como si esas rejas rojas y espesas pudieran contener verdaderamente lo que se mueve dentro.
Cuerpos chiquititos, por ahora chiquititos.
Como hormigas, se revuelcan en la arena
se frotan en el suelo.
Cuando los de los bancos se dan vuelta los cuerpos chiquititos apuestan al mundo.

“Es solo una cuestión de segundos”, me dice ella.
Extraños segundos,
perdidos segundos.

Los colores se amontonan se hacen pirámides y los cuerpos chiquititos ocupan el espacio.
No se conforman con un juego,
ni con el dia ni con la noche,
no se conforman con nada.
Entienden,
que es una cuestión de segundos.
Que para ciertas mudanzas no debería haber rejas.

 

2

Formó parte del trabajo de ambientación de un pabellón de Tecnópolis que se llamó “El océano en tus manos”: selva subacuática de colores y formas, fluidez profusa. Nos sumergimos.

Pueden ver más sobre “El océano en tus manos” acá: https://www.behance.net/gallery/60943767/El-Ocano-en-tus-Manos

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Para acompañar tanto mar elegimos el poema anfibio de Franco Rivero:

PULSO

la armonía es escuchar que un grillo
no se superpone a un sapo
ni a una rana
y uno entiende
sin dificultad
sapo
rana
grillo

yo
que no tengo armonía
algo que hago siempre
es acostarme de noche
boca arriba en la ruta

casi nadie pasa aquí
pero no hay silencio

y sobra vía láctea
acostado así

entonces mi corazón
late pequeño entre todo
y soy un anfibio
un insecto más
que entona
por instinto

mi soledad me vuelve afín
me pone en la misma dirección
que el campo

pulso del mundo
suena tan bien
lato tan bien de anfibio
o de insecto
en el mundo

3

Esta imagen integró la 11° edición del Anuario de Ilustradores.
Con esta escena parece decirnos: la fantasía nos permite trasgredir convenciones, multiplicar las alternativas de lo posible, crear universos.
Apartir de diferentes medios y técnicas, Vero los hace visibles.

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Para acompañar la extrañeza de la dimensión desconocida les proponemos la voz cercana de María Teresa Andruetto:

Por qué a cada sobresalto…
te vuelven a la mente los troncos
y el río y la colina con la luna
detrás y el camino…?

C.P. l9 de agosto de l946.
Diario.

 

Lapataia/94

Caen sobre el camino los troncos
centenarios.Un zorro acecha.
Más allá los manchones
de las castoreras.
Somos nosotros los que vamos
bajo la lluvia, pero parece
que nadie fuera,
que nos hubiéramos hecho de aire
entre las lengas.

4

Esta imagen que integra la edición 2014 del Anuario de Ilustradores. A propósito de ese proyecto colectivo, Vero dice “lo esencial no está en las ilustraciones, sino en la posibilidad de crearlas, y de juntarnos para ponerlas en conjunto. Ilustradores llevando a cabo su proyecto, difundiendo por sus propios medios su obra. Apostamos a la diversidad, lo aleatorio y distinto”.

Nos identificamos con esa idea.

 

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Para acompañar el ensueño de esta mujer paisaje elegimos a una de nuestras poetas favoritas, Robin Myers:

Union Square Station

Después de tanto ardor –tanto tratar
de encontrar las palabras y de tocar la carne,
la tibieza de ambas, o tan sólo
una manera de lidiar con sus efectos–,
después de tanto espacio que nos queda
cuando lo buscamos, sin importar si lo encontramos
o no, pienso, parada en la estación desierta
de metro, mientras un cellista solitario
munido de su arco hace que los armónicos
graves retumben por la cueva,
que debe ser deseo esto también:
dirigirse no al músico
(y sin nada de fuego), sino al tren: Sé lento,
sé lejano. Déjame que me quede
este zumbido visceral
en los pulmones. Oblígame a esperar.
No vengas nunca.

Eugenia Mello

1

Presentamos a Eugenia Mello. La energía de los colores, el movimiento, la música de la imagen son una celebración.

Pueden ver más del trabajo de Eugenia, que contagia entusiasmo acá:
https://eugeniamello.com/

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Para acompañar tomamos prestadas las palabras de Oliverio Girondo.

GRATITUD

Gracias aroma
azul,
fogata
encelo.

Gracias pelo
caballo
mandarino.

Gracias pudor
turquesa
embrujo
vela,
llamarada
quietud
azar
delirio.

Gracias a los racimos
a la tarde,
a la sed
al fervor
a las arrugas,
al silencio
a los senos
a la noche,
a la danza
a la lumbre
a la espesura.

Muchas gracias al humo
a los microbios,
al despertar
al cuerno
a la belleza,
a la esponja
a la duda
a la semilla
a la sangre
a los toros
a la siesta.

Gracias por la ebriedad,
por la vagancia,
por el aire
la piel
las alamedas,
por el absurdo de hoy
y de mañana
desazón
avidez
calma
alegría,
nostalgia
desamor
ceniza
llanto.

Gracias a lo que nace,
a lo que muere,
a las uñas
las alas
las hormigas,
los reflejos
el viento
la rompiente,
el olvido
los granos
la locura.

Muchas gracias gusano.
Gracias huevo.
Gracias fango,
sonido.

Gracias piedra.
Muchas gracias por todo.
Muchas gracias.

Oliverio Girondo,
agradecido.

 

2

“Mi manera de trabajar responde un poco a esa búsqueda musical. Me ayuda mucho pensar el dibujo como si fuera una pieza de baile, pensar qué ritmo le corresponde a la sensación que siento o quiero o necesita la pieza a comunicar.”

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Esta es la segunda ilustración elegida para la Galería de Cosas: “Pianista”, una verdadera pieza musical que elegimos acompañar de un poema de Claudia Bragoni:

a la pileta
cayó una flor
en salto mortal
desde lo alto del muro
desenredó
en despedida
lo verde
hacia otro verde
del agua,
en picada
impensadamente
cayó sublime
mirando al cielo
abierta
redonda
quién pudiera
saltar así
desprendida

Acá pueden leer la entrevista completa: https://graffica.info/eugenia-mello-dia-de-la-mujer/

3

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Acompañamos de las palabras de Úrsula Le Guin, traducidas por la gran poeta santafesina Diana Bellessi

Mi gente

En mi país las lanzan por debajo
para que las pelotas vuelen como burbujas o pájaros
antes de descender a quien las ataja.
De huesos delicados, caderas anchas,
llevan a los niños
por un rato en sus panzas
antes de cargarlos en los brazos.
Es la costumbre de mi gente.
En años de grandes ceremonias
celebran con la ofrenda de la leche
y se liberan con la pérdida de sangre.
Son expertas en su generación.
Pocas, ni siquiera las más sabias,
tienen dinero o un gran nombre,
pero es gente admirable.
Aun después de larga servidumbre
en países extraños,
se reconocen; estrechan sus manos,
se besan, cantan sus canciones juntas,
las voces suaves alzándose más fuertes:
canciones de amor, canciones de libertad,
canciones que hablan de lanzar y atajar,
de cargar, criar y enterrar,
canciones de las que sólo mi gente
conoce todas las palabras.

 

4

Eugenia Mello la artista invitada a la Galería de Cosas tiene a la música como una de sus temas predilectos.
Así podemos verlo en esta ilustración que forma parte de una serie de imágenes para acompañar a Envelove Type Specimen por Sudtipos, una tipografía diseñada por Yani & Guille. El diseño tipográfico es un temprano amor de Eugenia, pueden ver más de Envelove acá:

http://yaniguille.com/portfolio/envelove-script-caps-icons-type-family/

Ritmo, movimiento, baile, convierten la Galería en una propuesta musical:

https://www.youtube.com/watch?v=tvQ22UqrNwA

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Y además, un poemazo de Paula Jiménez España:

Después

En el inviero, el viento
profería un silbido desde el fondo
de su centro callado,
llegada a las cortinas de la casa,
flameantes como banderas descoloridas,
que lo hacían visible y dibujaban
sus formas más diversas.
Nunca era el mismo o esas telas
repetían el impreciso ondular, pero mostrando
que de verdad aquello era el presente
o que nosotras
ya no éramos iguales después de una tormenta.
Cuando las gotas
hacían tambores con los vientos rotos,
el rugir de ese viento, el salpicado
del agua sobre los toldos,
eran la misma cosa: un solo cuerpo
con una fuerza que nadie controlaba y provenía
de algún lugar siliente, reposado
como el alma de dios.
Eso pensábamos:
que nunca daña tanto un temporal
y que en el fondo
algo protege del dolor de las catástrofes,
un ojo calmo que descarga el llanto
o una serpiente que inocula, junto al veneno,
su antídoto secreto.

En el medio de ese frío
venía del corazón una pequeña llama
que se avivaba cada vez y abierta
la ventana dajábamos entrar, para amainarla
un viento reposado o una tempestad
a la que el fuego resistía heroico.
Sabiendo que nada se repite, nada es
dos veces, quisimos alargar
el sueño compartido, volver hondo
el agujero del amor,
como si en nada fuera un agujero,
sino la esfera de la risa, el alimento,
un hilo plateado que ataba nuestras horas,
pequeñas grietas donde corrían los besos
por la cascada del tiempo detenido.

Como la luz tejieron los sonidos
la trama de esa vida cuyo norte variba.
Oíamos el coro de los pájaros que, de morir nosotras,
continuaría allí, cantando.
La música era el orden aleatorio del aire conocido,
un movimiento efímero plasmando su huella perdurable
solamente una vez.

Y agotamiento fue
que las gotas sonaron en la losa acabar el agua
así los pensamientos y los músculos
llegaron hasta el fin,
flores marchitas que siempre sorprendían
porque algo más había
y algo más,
en la cadena infinita donde el sueño
no bajaba los párpados,
vigilia del corazón empecinado
con el galope de una explosión solar o un viento liso
despeinando la arena de la playa;
era la fuerza al límite, y no como huracásn
sino el agotamiento de la vista
diluida en la luz o la palabra
que disolvió la voz.

Aquellas tardes caían sobre el tilo y el gomero,
grisáceo, el peso de sus sombras volvía opacos
nuestros corazones
de nenas que sabían del ocaso
por el rostro rasgado de la abuela
o por la pérdida de brillo en los duraznos.
Al despuntar la noche lentamente
infatigables piernas de criaturas
tropezaban en las lajas del camino
tomando cicatrices de una vida reciente.
Era a la hora
en que el día empezaba a despeñarse
y todo lo quedo, lo varado,
bramaba su callada resistencia a declinar.
Estáticas, las hojas
se iban diluyendo, liquidando
la luz que provenía de la tierra
donde nacían constantemente hormigas, orugas y raíces
a condición de que murieran siempre.

Y atadas a esas hojas, las ramitas
erguidas en el delgado zigzag,
los fósiles de piñas ya resacas
desparramados en la tierra húmeda,
el césped que empezaba a cobrar fuerza
lejos de los raigones de los árboles y crecía
bordeando los caminos: todos esos detalles
hacían a la vida y con la nuestra
a la vida de un mundo que no conoceríamos.
Prolífico y remoto el devenir,
como si fuera un dios de arcilla colorada
creaba paso a paso las formas causales,
sus grandes manos gozaban moldeando
otra apariencia de las mismas cosas.

 

Ana Paula Méndez

1

Presentamos a Ana Paula Méndez, ella dibuja con acuarelas, lápices, tinta china, hace collages, borda.
El año pasado, invitada a la sección “Una artista elige su obra favorita” de Radar (Página/12) contó:
“Si pienso en una obra que me haya impresionado pienso en un libro. De chica no tuve casi contacto directo con obras originales sino con reproducciones. Y no solo pienso en libros de arte, cualquier libro, aún sin leerlo, siempre me provocó una fascinación, un encuentro particular.”
¿Seguirán siendo los libros los primeros mediadoderes de encuentros con imágenes artisticas?
Y atención, la obra que recomendó fue “Teatro de papel” de la Compañía de Objetos El Pingüinazo, de los rosarinos Silvia Lenardón y Guillermo Martínez.

Aquí pueden leer la nota:
https://www.pagina12.com.ar/37537-hacer-con-las-manos

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La obra se llama “Nido”, es un bordado sobre tela que nos invita a fantasear más encuentros y sus posibilidades, como el fragmento de “Niveles de vida” de Julián Barnes:

Juntas a dos personas que no se habían juntado antes; y a veces el mundo cambia y a veces no. Pueden estrellarse y arder, o arder y estrellarse.Pero hay veces que se hace algo nuevo y entonces el mundo cambia. Juntas, en esa primera exaltación, en esa primera elevación estruendosa, son más grandes que sus dos egos separados. Juntas ven más lejos y más claramente.

2

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“Los capullos blancos de los árboles, vistos desde encima de la tierra rojiza, están ligeramente tintados de verde. Pero el blanco del lienzo entre las marcas de pinturas es más vibrante. El capullo, que ahora puede ser arrastrado por la más ligera ráfaga de aire, está fijo en el espacio: el lienzo blanco es el campo del diagrama.”

John Berger, La apariencia de las cosas

Acompañamos de un poema de Guido Delía

Ya sé esperar lo que no llega.
Ya sé que los hombres de vello son mansos.
Ya sé que el filo no es tan filoso
y la mano extendida no es tan preciosa.
Ya sé que la religión es tan pulcra
como la ceremonia en un hotel cinco estrellas.
Ya sé que los autos chocan sin freno.
Ya sé dormir sin frazada.
Ya sé decir: amor de mi vida.
Ya sé que la estrecha relación entre dos pájaros
es el vuelo hacia el destino.
Ya sé parar, volver, y cantar como un grillo
que sin su pata salta el charco.

 

3

Esta obra está compuesta de unos pocos elementos geométricos pintados y bordados sobre tela, para componer unos personajes que invitan a fantasear la trama de relaciones de la escena.

 

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La acompañamos de la poesía de Cristina Peri Rossi, que con similar simpleza nos propone un encuentro con lo mínimo.

LO IMPRESCINDIBLE

Uno aprende que lo imprescindible
no eran los libros
no eran los discos
no eran los gatos
no eran los paraísos en flor
derramándose en las aceras
ni siquiera la luna grande -blanca-
en las ventanas
no era el mar arribando
su rumia rompedora en el malecón
ni los amigos que no se ven
ni las calles de la infancia
ni aquel bar donde hacíamos el amor con la mirada.

Lo imprescindible era otra cosa.

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La serie de esta artista se completa con un paisaje litoraleño, pero miren bien: ¿cuántos personajes reconocen? Un elemento inanimado como el agua ¿puede ser un personaje? En este caso ¿es uno, son dos? ¿Cómo se construye un personaje?

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Como siempre, les invitamos a leer poesía. Elegimos una de Jimena Cano:

Causa perdida

Reconciliarse con el poema de la noche anterior,
ese que es espasmo de mano desorbitada que lo escupe,
nauseosas palabras de un inconsciente que se narra solitario
y arroja su cena, sobre un papel, plato en blanco.
Reconciliarse con esas letras extranjeras de una misma.
Reconocerse
y extraviarse en ellas
para iniciar la búsqueda de una desaparición
que a priori es
causa perdida.

¡Feliz fin de semana!

Alicia Varela

1

Presentamos a Alicia Varela. Ella es Licenciada en Bellas Artes, carrera que terminó en Francia con la Beca Erasmus. Actualmente vive en Gijón, España.
Su trabajo nos conmueve desde la simpleza. La imagen de hoy integró la exposición colectiva “5 jóvenes ilustradoras asturianas” de la Galería El arte de lo imposible y es de 2012. Parece invitarnos a respirar.

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La acompañamos de la poesía de Alicia Genovese, abrimos los poros, nos dejamos humedecer la piel.

Aguas

Para permanecer
saber del agua.

La orquídea para vivir
necesita convencerse
de que puede morir

ni sol directo
ni agua anegadiza
la media sombra asfixiante
de la selva tropical
la sola humedad.

Desde su retiro, lejos
de aguaceros la orquídea
elige el resplandor,
el aire denso
y agua de nubes
filtradas por el bosque
como por un lienzo.

La perfección sensible
de esa vara
tolera más la falta
que el exceso.

 

2

Esta imagen se publicó en la revista “Yo Dona” del diario El Mundo.
¿No dan ganas de tomarse un recreo? Restarle atención por un rato a las preocupaciones, hamacarse y disfrutar de las cosquillas del viento en la cara.

 

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Para acompañarla nos decidimos por la pregunta-poesía de Beatriz Vignoli. Admiramos mucho a Beatriz, recomendamos leerla y esperamos que disfruten sus palabras tanto como nosotras.

SI EN LO QUE RESTA

¿Si en lo que resta
no somos quienes seríamos;
si en lo que resta
no me anudo al cuello un pañuelo italiano
ni señalo, con un gesto, el espacio
que contemplar, si en lo que resta no me tomo un barco,
no me siento al sol, no salgo
al encuentro de tu cuerpo sin que me moleste
que las palabras no coincidan,
si en lo que resta no llego a saber
qué gusto tenía tu boca, si en lo que resta no te digo
nada que te haga sentir
que estás en una de aquellas películas, y es cierta;
si en lo que resta no amo una gran ciudad,
no me llevo a mí, a aquella, la que era linda,
a los nuevos barrios del tiempo, si en lo que resta no me canto una canción
ni lloro, ni te veo mirarme como diciendo:
“Ya sé, tu canción sigue siendo demasiado bella
para soportarla”, y hay tiempo, o hay al menos la misma
sensación de que hay tiempo, y además
la sensación de que lo hubo, un alta mar
de tiempo donde ninguna orilla se divisa;
si en lo que resta no canto como cantaría, no dejo que mi voz
gorjee e inunde la noche
hasta convertirla en otra cosa, en algo parecido a un pastel
de oro y dulces, un pastel para mirar,
si en lo que resta no te vuelves absoluto,
no te vuelves absoluto sólo por un instante
en que toda la belleza del Hombre se concentra en tu imagen
y esa tu imagen puede ser tocada, tenida, mía
y entonces nada falta,
si en lo que resta
no flotamos durmiéndonos hasta nuestro fondo,
si, dulces moribundos, no borramos
el borde entre esta soledad
y el mundo, si en lo que resta no somos
ni nos acordamos de que aquí somos,
ni nos anoticiamos de que se nos es,
si en lo que resta no somos espléndidos,
si en lo que resta no somos quienes seríamos,
no damos con nuestro recuerdo del futuro,
no honramos aquella nostalgia del mañana;
si en lo que resta no nadamos hacia nosotros,
hacia aquellos que amábamos, hacia aquello en lo que devendríamos,
si en lo que resta no, entonces cuándo,
si no nosotros, entonces quién
nos consolará de estar tirados acá?

Buenos Aires – Rosario, marzo de 2001
(de “Viernes” , Ed. Bajo la luna, Buenos Aires, 2001)

 

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Esta imagen fue creada para Illustration Friday un blog super interesante que cada semana convoca a quien quiera sumarse, la participación es abierta, a crear su imagen a partir de un tema. El resultado: una comunidad libre, solidaria, divertida e inspiradora.

Pueden visitar el blog aquí:
http://illustrationfriday.com/

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Cuando leímos la poesía de Paula Jiménez España inmediatamente la asociamos a la ilustración de Alicia:

Quiero creer en la forma que varía
como la única
manera de hacer que algo perdure.
Si fuera religiosa
le rezaría al agua. Pediría
que hiciera con mi vida ese milagro
que hace con sus gotas.
Que quisiera amoldarme al suceder
continuo sin juzgar
qué voy perdiendo.
Sería diosa mía
la catarata heroica que rugiendo
se transforma en hilito transparente
cuando anda por las rocas. O el hervor
en la nieve convertido, sin lamentar
ni la pasión que mengua ni la llama
extinguida.
No es la causa
del agua, sino el cauce que arrastra,
lo divino. Tanto quisiera
aprender de su confianza,
de la intuición
sin ojos, como el río.

¡Buen fin de semana!

4

Un dibujo para la columna de opinión de Bárbara Alpuente en la revista “Yo Dona”.
Hombro con hombro, el tejido nos envuelve y nos entibia el pecho el recorrido de lana roja.

 

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Elegimos acompañarla con las palabras de Ivana Romero de su libro recientemente editado, “Ese animal tierno y voraz”.
Ivana evoca voces y decires y los convierte en poesía.

Otras estrellas perfectas

DICE MI PROFESORA de nado
que hoy vamos a ir despacio
que el agua está clara y limpia.
Dice mi compañera de nado
que ella será madre en setiembre.
Dice mi madre que hace mucho no la visito.
Dice un niñito nacido en 2001
que él, cuando tenía cuatro años,
escribía historias de monstruos
pero que eran historias de cuando era chico
no de ahora.
Dice un amigo que Herbert Vianna
quedó al borde de todo y lo cuenta como puede.
Dice una amiga que mañana
vamos a ver a Laura Marling.
Dice mi corazón que esta noche no habrá tristeza.
Puedo mirar el cielo y descansar
sobre un colchón de estrellas.
Las estrellas parpadean como ojos transparentes
aunque nadie hable de ellas.

¡Feliz fin de semana!

Ana Juan

Ilustradora de mundos mágicos, Licenciada en Bellas Artes por la Universidad Politécnica de Valencia.

1

Pertenece a Circus: https://www.youtube.com/watch?v=SGeybYpEboY

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Creemos que la fuerza lírica de la imagen se entrama de maravillas con este hermoso poema de Natalia Romero

Herida

Con la herida abierta,
me dijo.
No fue una noche tranquila,
tampoco la vez que vi los pájaros
acercarse al suelo
piar tan fuerte,
y no grité.
Fue la vez que dije no quiero.
Fue una tropa de caballos salvajes
atravesando su cuerpo
hasta llegar al mío.
El corazón me daba golpes en el pecho.
Ser la culpable
era una sentencia
y yo lo sabía.
Nunca preguntaron por mi herida.
Ahora puedo dejarla al descubierto
sin más refugio que el sol
para secar lo que duela.
Puedo vivir con la herida
en la punta de la mano
pero nunca como un arma.
El mal no es real,
quise decirle.
El mal es una confusión, pensé.

 

2

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Imagen cargada del sentido de la transformación, de la fuerza y el grito femenino que se traduce como sororidad: “Silencio… mujer en el trabajo”.

Acompañamos con un poema de Sonia Scarabelli

ENCUENTRO EN EL JARDÍN

Era de noche
y octubre ya se iba
notando en tu jardín. Por el perfume
lo supe ahí, jazmines florecidos
hacia los cuatro puntos
cardinales y en el centro
azahar de limonero,
un naranjo, y cinco
rosas blancas.

No te pedí encender

la luz del patio esta vez,
entré como una extraña,
como esa
hija clandestina y llena de secretos
que los años
van haciendo de mí

pero viniste

callada tras mis pasos
con aquella
linterna diminuta
y una por una iluminaste
todas las flores nuevas. Todavía

siento el temblor
dulcísimo que entonces
sentí mientras miraba
abrirse en puntos claros
el verde corazón.

Y como es posible

que con los años
haya también aprendido algo,
lo demás es silencio.

3

El año pasado, Ana Juan, la artista invitada a la Galería este mes, vino a la Feria del Libro. Con ocasión de esa visita, dio una entrevista en la que cuenta que dibujó toda la vida. Y cuando le preguntaron “¿Qué tienen de tu personalidad tus trabajos?”, respondió:
“Siempre hay algo inevitablemente tuyo que se refleja en tu trabajo porque creo que uno es la persona que mejor se conoce; y si realmente decis: ‘quiero ser yo y no otros’, nada mejor que dibujarlo.”
Personalísima, misteriosa, oscura, su obra nos lleva al corazón de lo enigmático.

Aquí la entrevista completa a Ana Juan.

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Acompañamos la imagen de hoy de un poema de Elizabeth Bishop sobre el extraño arte de la pérdida.

UN ARTE

No es difícil dominar el arte de perder
tantas cosas acaban por perderse
y esa pérdida no es una catástrofe.

Tenés que perder algo todos los días. Aceptar el
fastidio de las llaves perdidas, las horas malgastadas.
No es difícil dominar el arte de perder.

Después practicá perder más y mejor:
lugares y nombres, dónde era que ibas.
Vas a ver, nada de eso es una catástrofe.

Perdí el reloj de mi madre. La última o
anteúltima de tres casas que amé. ¿Y ves?,
no es difícil dominar el arte de perder.

Perdí dos ciudades entrañables. Y más,
algunos reinos que tuve, dos ríos, un continente.
Los extraño, sí, pero no fue una catástrofe.

Ni siquiera perderte a vos (la voz graciosa, un gesto
que amo) me haría mentir. Es obvio que
no es difícil dominar el arte de perder, aunque
pueda parecer (¡ponele la firma!) una catástrofe.

 

4

Reconocida internacionalmente, entre otras cosas, por sus portadas para The New Yorker, ganadora en 2010 del Premio Nacional de Ilustración de España, tener a Ana Juan en nuestra Galería es un lujo que le agradecemos profundamente.
Pueden ver más de su impresionante trabajo aquí.
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Las imágenes de Ana son inquietantes, lo son más en días como hoy que nos recuerdan que lo cotidiano puede volverse monstruoso.
Y de eso hay responsables.

Vamos a acompañar la ilustración con un fragmento de una escritora argentina que admiramos que, como dice en la contratapa de su libro “El gato tuvo la culpa” (Blatt & Ríos) ilumina “bellamente partes de un mundo que sentimos próximo y a la vez extraño”.

Cuando el tiempo está bueno, la comida rica y yo estoy tranquila, contadas veces me hace una caricia muy especial y rara: pasa muy suavemente su lengua por la palma de mi mano, una caricia que nada tiene que ver con los lengüetazos apurados habituales. Yo interpreto que esa caricia quiere decir “gracias por existir” (abarca su existencia y la mía) y es similar al agradecimiento que hacen los conductores de programas televisivos a sus entrevistados famosos –pero también quiere decir “esta casa es un cosmos. La intuición de la unidad del cosmos que Schopenhauer atribuye al santo y al genio, quienes han vencido las estratagemas de la razón, él la tiene sin ninguna necesidad de ascetismo ni de vencerse a sí mismo. La única diferencia está en que si se le presenta un pajarito, abandonaría su intuición cósmica y ese estado de beatitud para hacerlo pelota desplumándolo en dos minutos.

“Mi gato” de Hebe Uhart en “El gato tuvo la culpa”, editado por Blatt & Ríos.

 

 

Ester García

Nació en 1984 en Cáceres, y creció entre lápices y montones de libros infantiles. Es licenciada en Bellas Artes por la Universidad de Salamanca, allí descubrió la ilustración como vocación. Le gusta contar historias en imágenes, e imaginar cuentos en historias. Desde 2008 reside y trabaja en Madrid como ilustradora, dibujando pájaros, bosques y otros sueños.

Ganó el premio Premio Junceda Internacional por su trabajo en “La selección natural”, al fundamentar los motivos del premio dijeron: “Por su preciosismo, delicadeza y elegancia”, coincidimos.

1

Pertenece a La selección natural de Charles Darwin, traducida por: Íñigo Jáuregui y editado por Nórdica Libros
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Acompañamos de un hermoso poema de Marcelo Díaz 

Alce

Voltear un animal es una tarea que regresa el daño
en forma repetitiva, el cuerpo firme
cae mientras mirás el reflejo
de su cara en el metal de la hoja.
Hace una hora trajeron un alce
liviano conservaba las marcas del impacto
los animales en la ruta alteran el equilibrio
la vida en el campo nos transformó
en seres rumiantes con la fantasía
de usar antiparras para limpiar la sangre.
Pensás que todos podemos romper fácilmente
la órbita de las moscas
que cada uno ejecuta la misma función con su especie;
el ojo se contrae entonces el animal
embiste con su cabeza las paredes.
¿Es real la escena o la soñaste? ¿No estábamos
sacrificando otro animal? Silbás
el silencio nos encuentra atados
a un mismo cuerpo en el suelo;
nadie quiere ser sentimental.
Terminaremos siendo el anuncio
el gran miedo de las cosas que perdemos
sin darnos cuenta acurrucados
en la noche diminuta
como si estuviéramos en el comienzo de la creación
cuando todo era oscuro.

 

2
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Acompañamos sus osos con la poesía de la querida Liliana Bodoc. La imaginamos, quién sabe en qué confines andará con su palabra transformadora.

Noche de diablos

En la noche más noche
se encienden las antiguas
hogueras de los diablos.
Deambula el hechicero
sobre el caparazón de una tortuga.
Un antifaz mastica
la carne de una fruta misteriosa.

Cara sobre otra cara,
las máscaras invitan
a ser lo que no somos,
lo que jamás seremos:
cometas emplumados,
brujos con cinco sombras,
marionetas de fuego.

En la noche más noche
las máscaras batallan
y bailan por sus vidas.
Desenvainan espadas,
escupen luz de pólvora y veneno.
Un antifaz ovilla
el largo cuerpo azul de una serpiente.

En la noche más pozo de tan negra
las máscaras invaden las ciudades,
se suben a los techos
y desde alli convocan a la fiesta.
Que salgan los huraños,
que ría el que no ríe.
Que convide el avaro,
que mientan los honestos,
que brinquen los ancianos…

Máscara sobre cara,
en la noche más noche,
somos otros.

Cuando amanezca
las máscaras caerán detrás de los bostezos
a dormir por lo que dure el frío.
Acabado el festejo,
para dicha y desdicha,
volveremos a ser nosotros mismos.

 

3
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Un animal salvaje ¿se puede domesticar?
¿Perderá su fiereza o conservará su poder leonino disimulado y alerta?
¿El rey de la selva una criatura contemplativa? 
Ester nos permite imaginar un león filósofo.
El juego de acompañar la imagen con palabras –otra poesía de Liliana Bodoc– nos deja intuir sus reflexiones: ¿estará interesado en meditar sobre lo que es?Primera persona

Yo, primera persona del singular.

Yo tengo

Pero Yo no soy Tengo
porque
si un huracán se lleva todo
y me deja tan solo con lo puesto.
Yo seguiría siendo.

Yo estoy.

Pero, atención,
porque aunque cambie de lugar,
aunque cambie de barrio y de ciudad
yo sigo siendo.

Por las noches yo duermo
pero no soy Dormir
porque cuando despierto
sigo siendo

Yo canto.
¿Y si no canto?
Yo juego.
¿Y si no juego?

Yo estoy aqui y allá
yo tengo, yo no tengo
yo canto y desencanto
yo esta tarde no juego
pero yo sigo siendo.

Yo soy yo cuando Soy.

No soy Tener.
No soy Estar.
Yo soy
Ser
en primera persona del singular.

 

4
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Acompañamos de uno de los “Poemas chinos” de Alberto Laiseca. “El padre del realismo delirante”, según la presentación de Valeria Tentoni, también puede evocar la sutileza de la tinta y la pluma en papel de arroz.

Pueden leer la nota de Valeria Tentoni y otros Poemas chinos acá:
http://www.eternacadencia.com.ar/blog/item/tres-poemas-para-despedir-a-laiseca.html

Escribiendo un poema

Escribo este poema con una delgada varilla de junco;
la tinta, al deslizarse, produce un ruido ensordecedor.
La clarividencia otorga deslumbramiento
y un pequeño dedal de malaquita
crece hasta contener el Río Amarillo.
En la pared de mi cuarto
está la vieja pintura de una rosa bermellón;
ese inofensivo objeto neutro e indoloro
me aturde con el insoportable perfume de miles de flores.
Todo eso has producido en el corazón de quien espera.

Hwang Tsi Lie. Dinastía Chou.

Violeta Lópiz

Su obra tiene la cuota justa de espontaneidad y sensibilidad, conmueve. 

“Tras el aprendizaje y la exploración, queda la elección de un camino, que en mi caso se muestra como una señal. Y la señal es la sorpresa de hacer una ilustración que me gusta mucho, y que me sigue gustando después de varios días. Una vez encontrada, me sirve de guía el resto del trabajo.”

1

Pertenece a su primer álbum ilustrado: “La coda canterina” de Editorial Topipittori.

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Un poema de Laurie Anderson

“El corazón de un perro”

Despréndete de las cosas que dejaste. ¿Podría haber hecho eso? ¿Podría haber dicho eso? Los miedos lejanos de la infancia. La falta de un yo sólido. El recuerdo de tu propia felicidad. El recuerdo de tu propia felicidad atrapado en tu flujo de pensamientos. Despertate. Despertate. Los relojes se pararon. Una vez te pusiste eso. Una vez hiciste eso. Todo lo que sabías acerca del tiempo. Deslizándose, repitiéndose. No tengas miedo. Como todas las mañanas. Aceptá esto. Dejá atrás la agresión. Dejá atrás la pasión. Aceptá esto.

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Esta ilustración forma parte del libro “Amigos do Peito” de Claudio Thebas. Para este trabajo Violeta viajó especialmente a Lisboa, ciudad de la que es oriundo el poeta.
Recorrió sus calles, miró, investigó, siempre reflexionendo sobre el texto que tenía que ilustrar.
Cuenta en su blog: “Mi proceso es bastante caótico, me guío mucho por la intuición. Si me canso de documentarme, me pongo a dibujar,
o a escribir, y cuando se me acaban las ideas, vuelvo a cambiar de tarea”.

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Acompañamos de un poema de Beatriz Vignoli que es parte del libro “Viernes”.

LA CAÍDA
Si te dicen que caí
es que caí.
Verticalmente.
Y con horizontales resultados.
Soy, del ángulo recto
solamente los lados.
Ignoro el arte monumental del sesgo,
esa torsión ornamental del héroe
que hace que su caer se luzca como un salto.
Ese rizo del mártir que, ascendiendo
se sale de la víctima
y su propio tormento sobrevuela
no es mi especialidad. Yo, cuando caigo,
caigo.
No hay parábola
ni aire, ni fuerza de sustentación.
Un resbalón: espero. Al suelo llego
por la ruta más breve.
Un alud, una piedra,
una viga a la que han dinamitado.
No hay astucias del cuerpo en mi descenso.
Se sobrevive: el fondo
del abismo es más blando
para quien no vuela, sólo cae.
Si te dicen que caí,
no vengas
a enseñarme aerodinámica revisionista.
No me cuentes de los que cayeron venciendo.
No vengas a decirme
que no crees que haya sido un accidente.
En lo único que creo es en el accidente.
Lo único que sabe hacer el universo
es derrumbarse sin ningún motivo,
es desmoronarse porque sí.

 

3
En una entrevista, Violeta Lópiz contó que le interesan mucho la ciencia y la filosofía:
“Hace poco hablé con un físico que está estudiando las emergencias, cuando se unen muchos individuos que tienen una actividad muy simple y que, al juntarse, crean algo mucho más grande y complejo que no tiene que ver con el individuo, como los pájaros cuando vuelan en bandadas o los peces, cuando forman un banco. O las neuronas en el cerebro. Él me contó que hay programas para artistas a los que les gusta la ciencia y que quieren ser inspirados por ella, reinterpretarla…”
Esta ilustración podría ser la traducción plástica de esa idea. Es parte de un díptico de postales sobre el verano.
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La poesía de Hugo Padeletti con su sutileza nos invita a recorrer el ciclo inagotable de las temporadas.

SE DICE QUE LAS SOMBRAS DEL HINOJO

cuando se ven de pronto, sobre un lecho
de lajas, figuran el futuro.
La lectura es oscura. Sólo el ojo

que nada espera
ve lo que le espera. Ve la primavera
salpicada de rojo, ve el verano
del piojo y el ratón

–sin goce y sin enojo–, ve el otoño
que desnuda su hueso y, en el beso
de mármol del invierno,
su epitafio, su infierno.

 

4
Esta imagen se llama Octubre ya que ilustraba ese mes en una agenda para Castilla y León.
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Elegimos para acompañar un poema de la uruguaya Marosa di Giorgio, que dibuja huertas con palabras.


Me acuerdo de los repollos acresponados, blancos -rosas…
Me acuerdo de los repollos acresponados, blancos -rosas
nieves de la tierra, de los huertos-, de marmolina, de la
porcelana más leve, los repollos con los niños dentro.
Y las altas acelgas azules.
Y el tomate, riñón de rubíes.
Y las cebollas envueltas en papel de seda, papel de fumar,
como bombas de azúcar, de sal, de alcohol.
Los espárragos gnomos, torrecillas del país de los gnomos.
Me acuerdo de las papas, a las que siempre plantábamos en
el medio un tulipán.
Y las víboras de largas alas anaranjadas.
Y el humo del tabaco de las luciérnagas, que fuman sin reposo.
Me acuerdo de la eternidad.

Samuel Castaño

Cuenta Samuel que como ilustrador tiene un interés especial por el dibujo y el collage. Durante cuatro semanas vamos a ir descubriendo el cuidadoso modo que tiene de conjugarlos.

1

Esta imagen es de la serie de trabajos de 2014 y fue creada para la Revista Interamericana de Bibliotecología de la Universidad de Antioquía, Colombia.

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El personaje del sombrero ¿estará leyendo poesía?
No lo sabemos pero nos divierte el juego de combinar ilustración y palabras. Para hoy elegimos la “Poesía vertical 24” de Roberto Juarroz:

Darlo todo por perdido.
Allí comienza lo abierto.

Entonces cualquier paso
puede ser el primero.
O cualquier gesto logra
sumar todos los gestos.

Darlo todo por perdido
Dejar que se abran solas
las puertas que faltan.

O mejor:
dejar que no se abran.

2

Esta ilustración es parte del trabajo de ilustración del libro “La noche que estuvimos tan cerca” de Beatriz Libreros

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Nos conmueven el dramatismo del paisaje, la mirada al horizonte, la inminencia de una decisión en escala de grises…
Nos recuerda un fragmento de “La hora de la estrella” de nuestra admirada Clarice Lispector:
“Escribo porque no tengo nada que hacer en el mundo: estoy de sobra y no hay lugar para mí en la tierra de los hombres. Escribo por mi desesperación y mi cansancio, ya no soporto la rutina de ser yo, y si no existiese la novedad continua que es escribir, me moriría simbólicamente todos los días. Pero estoy preparado para salir con discreción por la puerta trasera. He experimentado casi todo, aun la pasión y su desesperanza. Ahora sólo querría tener lo que hubiera sido y no fui.”

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Poema de Claudia Masin:

La plenitud 

Hay una historia que quiero contarte: a veces,
en medio del bosque abrupto y solitario, crece un árbol
demasiado delicado y tímido para sobrevivir sin que las ramas
se tuerzan, decaigan, pierdan fuerza cada día,
como si no hubiera nacido preparado
para enfrentar la dificultad del suelo áspero y las plagas,
y su propia debilidad lo llevara a empequeñecerse
hasta casi desaparecer, tapado por una vegetación
que pareciera nutrirse de la audacia
que a él le falta. Pero una sola vez en toda su vida
-que no es larga- florece. Sucede en la estación de las lluvias,
y su flor es la más extraña que pueda concebirse,
no necesariamente bella ni cargada de polen.
Me dirás que ceder lo más valioso que se tiene
a una forma de vida que explota y se retrae en unas horas
no es un acto razonable, que es mejor la lenta construcción
de una fuerza que no pueda doblegarse y se sostenga
en lo que acumula año tras año. Sin embargo,
imagino que no debe existir nada más hermoso de ver
que ese momento de plenitud, cuando la materia que parece vencida
ofrece todo su poder de una vez a un mundo
que no lo necesita ni lo espera, para después retirarse,
como si el bosque fuera un cuerpo amado
e indiferente al que va liberando suavemente de su abrazo.
Yo quisiera ser así, capaz de soportar la plenitud
sin anhelar la abundancia. Que eso sea todo:
el puro deseo de dejar lo poco o mucho que se tiene
a quien se ama, aunque no le haga falta,
y vivir por un rato rodeada de las cosas que realmente le importan:
las tormentas, los animales feroces, la exuberancia del verano.

 

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Esta imagen es parte del libro “La noche en que estuvimos tan cerca”

Malestar-Desencanto_LISTA_643.jpgPoema de Fidel Maguna de “Sobre el corazón de la Tierra”

En la sombra del sol

En la sombra del sol hombres y mujeres discuten.
Aquí no crecerá nada, dice uno, señalando el universo.
El universo está vacío porque todavía no han construido los planetas.
Les estoy hablando del comienzo de los tiempos,
cuando el sol tenía un lado de sombras repleto de árboles y de ríos.
Les estoy hablando del comienzo de los tiempos, cuando simplemente
la vida era eterna y ningún amor se deshacía.
Allí construiremos la tierra, imagínense ustedes, dice otro, señalando
un punto ciego en el espacio.
Algunos ríen.
Les estoy hablando del comienzo mismo de las cosas,
cuando todavía no se habían inventado los dioses pero sí el amor,
las largas charlas, el vino, el sexo a la madrugada.
Les estoy hablando de un tiempo pasado, que de vez en vez,
vuelve a través de los milenios
y nos hace temblar.

 

Vane Saucedo

Ilustradora, diseñadora, fotógrafa, miembro del colectivo de ilustradores Festival Furioso de Dibujo y rosarina.

En esta oportunidad las cuatro imágenes presentadas forman parte de una misma serie

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Poema de Amelia Biagioni

Baile
Es el ahora circular,
giramos,
es la reunión si tú ni yo,
creciendo.
En el centro infinito
de un jardín que se sueña
crecemos girando,
y una flor vertiginosa
abre su pulpa, su fulgor, su aliento,
su locura perfecta,
su baile,
entre las otras ardientes azucenas
cuyo número
ni el mito ni la música
han podido nombrar.
Somos un nuevo sol
con su corola de vaivenes,
con sus planetas delirantes,
ebrios de ciclos y noches de amor,
en esta temporada de universo.

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Acompañamos de un poema de Laura Forchetti, del libro De donde nace la noche

Saturno 
es una araña
amarilla
que cuelga
de Venus
con un hilito.

Vení a mirarlo.

Araña
del espacio
que gira y teje.

Luz que se enreda,
lleva mis ojos
en la rueda.

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La escena –de fragmentos vegetales, de cuerpo sin rostro– tiene potencia de la posibilidad: ¿del salto? ¿del baile? ¿del vuelo?

Les proponemos el ejercicio de mirar la imagen desde las palabras de una de nuestras poetas preferidas, María José Ferrada. Esta pequeña joya está en “La vida secreta de los colores”

Mira el brote.
Imagina lo que sueña
la flor que duerme en su interior.

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Poema de Konstantinos Kavafis.

Recuerda cuerpo
Recuerda, cuerpo, cuánto te amaron;
no sólo las camas que tuviste,
sino también los deseos que brillaron abiertamente
en los ojos que te vieron;
las voces temblorosas, que algún obstáculo frustró.
Ahora que todos están en el pasado,
parece como si en realidad te hubieras
entregado a esos deseos.
Cómo deslumbraban.
Recuerda los ojos que te vieron,
las voces que temblaron por ti.
Recuerda, cuerpo.

Alina Calzadilla

Egresada de la Escuela de Animadores, ilustradora freelance y diseñadora gráfica. Nos cuenta que desde la ilustración y la animación se interesa por contar aquello que tiene que ver con las situaciones cotidianas, con los objetos que hablan de nosotros. Es parte de la Cooperativa de Animadores de Rosario, del Foro de Ilustradores Argentino y del colectivo del Festival Furioso de Dibujo.

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Menudo Verano 1

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Poema de Alicia Genovese

EL BAÑO

Hay una ducha al fondo
de la casa
y cada tardecita
después del calor, el río
los mates, las conversaciones
sudorosas en el porche
es la hora del baño
Atravieso los ligustros
dejo la toalla en una rama
el jabón
sobre un tronquito
hachado al ras; un mínimo
preparativo antes de hacer
correr
el agua
Fría al comienzo
después más tibia
llega la que el sol
abrasó en el tanque
de fibrocemento
el día entero
Al aire libre
la caña de ámbar
vuelve encantamiento,
el rito diario;
me lavo la cabeza
me bajo los breteles,
la malla y vigilo, casi
con inconsciente cuidado
que los sonidos sean
los habituales:
algún zorzal
que levanta vuelo
una gallineta que picotea
las últimas migas
en el pasto, esa quietud
atardeciendo
las casas vecinas
y la variedad inabarcable
de hojas y ramas en el monte
extasiadas rozándose
Me enjabono
la espalda, los hombros
arden y otra vez el agua
reciben plácidos,
más sensible
el borde sin solear
del cuerpo siempre enmallado;
los pelitos de la vulva emblanquecen
con la sedosa jabonada
y los pezones se agrandan
bajo las marcas
geométricas del escote
Abro por completo la ducha
y el caudal
cae a brochazos
casi helada me apura
fuera del letargo
de la respiración;
hasta que cierro y vuelvo
al calor de las telas
al sigilo en la toalla
mientras el agua
por la zanjita
perfumada corre
como un suspiro aliviado
como un instante amoroso
y su exigente vigilia
No sabe nadie
nadie presencia
mi tarde detrás
del arroyo;
piedrita que alguien regala
y al aceptarla toma
la forma de tu mano;
no tiene valor
no se cotiza
ni siquiera se pone
en una vitrina
de objetos exóticos;
se vive con poco
con nada
se hace un reino

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“La familia Delasoga” de Graciela Montes

La familia Delasoga era muy unida. O, por lo menos muy atada.
Juan Delasoga y María Delasoga se habían atado un día de primavera con una soguita blanca, larga, flexible, elástica y resistente. Y desde ese día no se habían vuelto a separar.
Lo mismo había pasado con Juancho y con Marita, los hijos de Juan y María. En cuanto nacieron, los ataron. Con toda suavidad, pero con nudos.
No es tan difícil de entender si uno lo piensa. Marita, por ejemplo, estaba atada a su mamá, a su papá y a su hermano: en total, tres soguitas blancas anudadas a la cintura.
Y lo mismo pasaba con Juancho. Y con Juan. Y con María.
Claro que no era fácil acomodar tanta soga; había peligro de galletas, de sacudidas, de tropezones. Pero con el tiempo se habían acostumbrado a moverse siempre con prudencia y a no alejarse nunca demasiado.
Por ejemplo, cuando se sentaban a la mesa era más o menos así. Y cuando se acostaban a dormir. Y cuando salían a pasear los domingos por la mañana.
Los Delasoga eran expertos en ataduras. La soga con que se ataban no era una soga así nomás, de morondanga; era una espléndida soga, elástica y extensible.
Así que cuando Juancho y Marita iban a la escuela, que quedaba a la vuelta, María podía quedarse en su casa haciendo la comida, casi como si tal cosa, salvo que la cintura le molestaba un poco porque la soguita estaba tensa… y tiraba.
Lo mismo pasaba cuando Juan iba al taller que, por suerte, quedaba al lado. A la hora de la leche no era raro ver a María, a Marita y a Juancho mirando la televisión mientras tres sogas los tironeaban un poco hacia la calle, porque el papá todavía no había vuelto.
De un modo o de otro, los Delasoga se las arreglaban.
Aunque, claro, había cosas que no podía hacer. Por ejemplo: Juancho nunca había podido salir a dar una vuelta a la manzana con sus patines.
Y eso era bastante grave porque Juancho tenía un par de patines relucientes con rueditas amarillas. Pero ¿qué soga podía aguantar una vuelta a la manzana en dos patines?
A María le hubiese gustado visitar a su amiga Encarnación, la de Barracas. Pero ¡qué esperanza! No se había inventado todavía una soga tan resistente. Eso a María le daba un poco de pena porque era lindo charlar con Encarnación de tantas cosas.
Y Juan también. A Juan le hubiera encantado ir a la cancha a cantar a lo loco un gol de Ferro. Pero no; no podía: la soga no daba para tanto. Y eso a Juan, muy en secreto le daba un poco de rabia.
Y Marita, por no ser menos, también tenía sus ganas: ganas de pasear solita hasta el quiosco. Sola, no, ahí estaban las sogas, las tres soguitas blancas, flexibles y resistentes.
Y así siempre. Por años. Cuando una soga se ponía vieja, deshilachada y roñosa, la cambiaban por otra nueva, blanca y flamante.
Los Delasoga ya habían gastado más de quince rollos de soga de la buena, y habrían gastado muchísimos rollos más de no haber sido por la tijera brillante.
Bueno, en realidad la tijera brillante siempre había estado allí, en el costurero, hundida entre botones y carreteles. Pero nunca había brillado tanto como esa tarde. En una de esas porque era una tarde de sol brillante como una tijera. Los Delasoga estaban, como siempre, atados.
María cosía un pantalón gris y aburrido.
Marita miraba cómo María cosía.
Juancho miraba cómo miraba Marita a María que cosía.
Juan miraba a Juancho mirar a Marita, que miraba a María, que cosía.
Y la tijera brillaba.
Cada tanto María la agarraba y –tris-tras- cortaba la tela.
Y, mientras cosía, miraba las soguitas enruladas en montoncitos blancos sobre el piso.
En realidad María nunca había pensado mucho en las sogas. Ahora, de pronto, las miraba mejor, las miraba fijo, y se daba cuenta de que les tenía rabia.
Entonces sucedió, por fin, lo que tenía que suceder de una vez por todas.
María agarró la tijera y –tris-tras- no cortó el pantalón gris; cortó la soga. Una soga cualquiera, la que tenía más cerca. Y después otra soga. La tercera y la cuarta las cortó Juan.
Y Marita y Juancho cortaron una cada uno.
Las soguitas cortadas se cayeron al piso y se quedaron quietas.
¡Pobrecitos Delasoga! No estaban acostumbrados a vivir desatados. Al principio se asustaron muchísimo y casi casi salen corriendo a comprar otro rollo.
Pero después Juan dijo en voz baja:
–Casi casi… me iría a la cancha de Ferro, que hoy juega con River.
Y María dijo en voz alta:
–Casi casi… me iría a visitar a Encarnación, la de Barracas.
Y Juancho corrió a buscar los patines de las ruedas amarillas.
Y Marita dijo chau y se fue al quiosco del andén a elegirse dos revistas.
Esta vez los cuatro Delasoga pasaron cuatro tardes, todas distintas.
Se volvieron a encontrar a la nochecita. Estaban cansados, porque no era fácil andar solos y para cualquier lado.
Juan y María se abrazaron muy fuerte y se contaron cosas.
Juancho contó, mientras se desataba los patines, que en el barrio tenía un amigo que se llamaba Bartola.
Marita contó que, junto al quiosco del andén, siempre había campanillas azulas y geranios rojos.
De la soga no hablaron más. ¿Para qué iba a hablar de sogas una gente tan unida?

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Poema de Robin Myers

No me acuerdo de cómo fue nacer.
Pero me acuerdo de otras cosas.
Primero, atravesar el mar
y después el desierto,
una hamaca en la noche,
un termómetro de vidrio,
una nevada absurda,
una chica,
y la cara de mamá,
abierta como el agua
al abrocharme el mameluco
todos los días de mi vida,
en el sentido en que la infancia
es una vida.

(traducción: Ezequiel Zaidenwerg)

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Inspiradas en la celebración del día de los muertos y Halloween, le traemos a otra encendida, Silvina Ocampo, con un cuento perturbador.

Cielo de claraboyas
La reja del ascensor tenía flores con cáliz dorado y follajes rizados de fierro negro, donde se enganchan los ojos cuando uno está triste viendo desenvolverse, hipnotizados por las grandes serpientes, los cables del ascensor.
Era la casa de mi tía más vieja adonde me llevaban los sábados de visita. Encima del hall de esa casa con cielo de claraboyas había otra casa misteriosa en donde se veía vivir a través de los vidrios una familia de pies aureolados como santos. Leves sombras subían sobre el resto de los cuerpos dueños de aquellos pies, sombras achatadas como las manos vistas a través del agua de un baño. Había dos pies chiquitos, y tres pares de pies grandes, dos con tacos altos y finos de pasos cortos. Viajaban baúles con ruido de tormenta, pero la familia no viajaba nunca y seguía sentada en el mismo cuarto desnudo, desplegando diarios con músicas que brotaban incesantes de una pianola que se atrancaba siempre en la misma nota. De tarde en tarde, había voces que rebotaban como pelotas sobre el piso de abajo y se acallaban contra la alfombra.
Una noche de invierno anunciaba las nueve en un reloj muy alto de madera, que crecía como un árbol a la hora de acostarse; por entre las rendijas de las ventanas pesadas de cortinas, siempre con olor a naftalina, entraban chiflones helados que movían la sombra tropical de una planta en forma de palmera. La calle estaba llena de vendedores de diarios y de frutas, tristes como despedidas en la noche. No había nadie ese día en la casa de arriba, salvo el llanto pequeño de una chica (a quien acababan de darle un beso para que se durmiera) que no quería dormirse, y la sombra de una pollera disfrazada de tía, como un diablo negro con los pies embotinados de institutriz perversa. Una voz de cejas fruncidas y de pelo de alambre que gritaba “¡Celestina, Celestina!”, haciendo de aquel nombre un abismo muy oscuro. Y después que el llanto
disminuyó despacito… aparecieron dos piecitos desnudos saltando a la cuerda, y una risa y otra risa caían de los pies desnudos de Celestina en camisón, saltando con un caramelo guardado en la boca. Su camisón tenía forma de nube sobre los vidrios cuadriculados y verdes. La voz de los pies embotinados crecía: “¡Celestina, Celestina!”. Las risas le contestaban cada vez más claras, cada vez más altas. Los pies desnudos saltaban siempre sobre la cuerda ovalada bailando mientras cantaba una caja de música con una muñeca encima.
Se oyeron pasos endemoniados de botines muy negros, atados con cordones que al desatarse provocan accesos mortales de rabia. La falda con alas de demonio volvió a revolotear sobre los vidrios; los pies desnudos dejaron de saltar; los pies corrían en rondas sin alcanzarse; la falda corría detrás de los piecitos desnudos, alargando los brazos con las garras abiertas, y un mechón de pelo quedó suspendido, prendido de las manos de la falda negra, y brotaban gritos de pelo tironeado.
El cordón de un zapato negro se desató, y fue una zancadilla sobre otro pie de la falda furiosa. Y de nuevo surgió una risa de pelo suelto, y la voz negra gritó, haciendo un pozo oscuro sobre el suelo: “¡Voy a matarte!”. Y como un trueno que rompe un vidrio, se oyó el ruido de jarra de loza que se cae al suelo, volcando todo su contenido, derramándose densamente, lentamente, en silencio, un silencio profundo, como el que precede al llanto de un chico golpeado.
Despacito fue dibujándose en el vidrio una cabeza partida en dos, una cabeza donde florecían rulos de sangre atados con moños. La mancha se agrandaba. De una rotura del vidrio empezaron a caer anchas y espesas gotas petrificadas como soldaditos de lluvia sobre las baldosas del patio. Había un silencio inmenso; parecía que la casa entera se había trasladado al campo; los sillones hacían ruedas de silencio alrededor de las visitas del día anterior.
La falda volvió a volar en torno de la cabeza muerta: “¡Celestina, Celestina!”, y un fierro golpeaba con ritmo de saltar a la cuerda.
Las puertas se abrían con largos quejidos y todos los pies que entraron se transformaron en rodillas. La claraboya era de ese verde de los frascos de colonia en donde nadaban las faldas abrazadas. Ya no se veía ningún pie y la falda negra se había vuelto santa, más arrodillada que ninguna sobre el vidrio.
Celestina cantaba Les Cloches de Corneville, corriendo con Leonor detrás de los árboles de la plaza, alrededor de la estatua de San Martín. Tenía un vestido marinero y un miedo horrible de morirse al cruzar las calles.

Carla Colombo

Es Licenciada y Profesora de Bellas Artes y vive en Rosario. Pinta, dibuja, hace serigrafía para crear paisajes, flores, ríos, interiores domésticos, reconocibles y extraños al mismo tiempo.

Carla crea mundos propios con sus témperas y acuarelas, mundos que nos dejan ver el otro lado de una escena posible, mundos en los que seguramente todos querríamos encontrarnos.

1

Esta ilustración es parte de la serie “Generación espontánea” de 2014

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Poema “Vértigo” del libro “Pasos de baile” de Diana Bellessi

Miré el cielo con el sol
que se ocultaba

bajo nubes gris-pesadas
en forma de triángulo
y tubos a los lados

dejé de ser por un momento
ahí debajo

atraída por el cielo
abriendo un largo

triángulo en el agua
con olitas que brillaban
y ahí dejé de ser

por un momento
atraída por esa cosa

del río y no fui yo
ni fue el cielo ni el agua

sino algo dentro mío
que se fue en la geometría
de las islas

y volvió después
con el silbo del biguá

para no entender,
para comer de las migajas

2

“Casio”

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“Nombres”, que es parte de “Los sueños de Helena” de Eduardo Galeano

«A la casa de los nombres acudían, queriendo llamarse, las personas y los bichos y las cosas.
Los nombres tintineaban, ofreciéndose: prometían buenos sones y ecos largos. La casa siempre estaba llena de personas y bichos y cosas probándose nombres. Helena soñó con la casa de los nombres y allí descubrió a la perrita Pepa Lumpen, que andaba en busca de un nombre más presentable».

3

CÓRDOBA

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Poema de Wislawa Szymborska
PAISAJE CON GRANO DE ARENA
Lo llamamos grano de arena.
Pero él no se llama a sí mismo ni grano ni arena.
Prescinde de nombre
común, individual,
fugaz, duradero,
erróneo o adecuado.
Indiferente a nuestra mirada, al tacto.
No se siente ni visto ni tocado.
Y si cae en el alféizar de la ventana
la vivencia es nuestra, no suya.
A él tanto le da donde caer
sin la certeza de estar cayendo
o de haber caído ya.
Desde la ventana hay una bella vista sobre el lago,
pero esta vista no es capaz de verse a sí misma.
Incolora, informe,
inaudible, inodora
e indolora vive en este mundo.
El fondo del lago nunca toca el fondo,
sus orillas no tienen orillas.
Sus aguas no se mojan ni tampoco se secan.
Las olas no se sienten singulares ni plurales.
Susurran sordas a su susurro
entre piedras ni pequeñas ni grandes.
Y todo sucede bajo un cielo de por sí inceleste,
donde el sol se pone sin ponerse nunca
y sin ocultarse se oculta tras una nube inconsciente,
que el viento alborota por el mero impulso
de soplar.
Transcurre un segundo.
Otro segundo.
Un tercer segundo.
Pero son sólo nuestros tres segundos.
El tiempo ha volado cual mensajero con una noticia urgente.
Pero sólo es un símil por nosotros elaborado.
Personaje inventado, atribuida la prisa,
inhumana la noticia.

4

GENERACIÓN ESPONTÁNEA (Kamishibai)

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Un poema de Robin Myers

Pensá lo que sería

Pensá lo que sería
si los pinos en sus arboledas
estuvieran hechos,
como tantas otras cosas
hoy en día,
de metal
o de plástico,
o de plástico fabricado para parecer metal,
algo inexplicable
para mí.
Pensá el ruido
que harían si el viento
se filtrase a través de sus agujas,
los inconmensurables golpecitos
de sus dedos infinitesimales,
el ruido, el ruido,
el barullo de todo lo innecesario
que diseñamos
para que se anuncie a sí mismo
continuamente.
Buscate un bosque
donde pensar en eso
y ponete a pensarlo.
Recibí
la bendición
de verte rodeado
de árboles que siguen estando hechos
de árbol,
algo que siempre ha sido un ser viviente
que por lo general guarda silencio.

Mariona Cabassa

Ilustradora catalana. Con técnicas y materiales mixtos (collage, acrílico, rotuladores, acuarelas…) compone mundos plenos de color.

Nos cuenta que dibuja desde siempre y que podría haberse dedicado a muchas cosas “ceramista, pastelera, joyera, florista…o cualquier profesión que me permitiese expresarme artísticamente y trabajar con las manos”, siempre con pasión.

1

Esta es parte de “Non hai berce coma o colo”, libro-disco de canciones de cuna gallegas tradicionales.

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Poema de Raymond Carver

Lluvia

Esta mañana me desperté con la urgencia
terrible de quedarme en la cama todo el día
y leer. La combatí por un minuto.

Después miré la lluvia por la ventana.
Y me rendí. Me puse por entero
en manos de esta mañana lluviosa.

¿Volvería a vivir mi vida otra vez?
¿Cometería los mismos errores imperdonables?
Sí, si tuviera la menor oportunidad. Sí.

2

Pertenece al libro Silvia y Simón

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Poema de Claudia Masin

El talismán
Los ojos de los que estamos continuamente al borde de la caída
o del tropiezo, no saben despegarse de la tierra. De qué sirve
una belleza material que no pueda tomarse entre las manos
como una piedra y ser llevada siempre encima del cuerpo
igual que esos objetos insignificantes
que un niño acarrea consigo donde vaya, y que lo hunden
en el terror o el desconcierto si se pierden.
No hay belleza para mí en las cosas
que no pueden volverse talismán contra las fuerzas
del desamparo o de la pena, y ninguna palabra podría hacer eso,
sólo la presencia física de lo que fue elegido por un amor oscuro,
cuyas leyes desconocemos, para preservar nuestra vida intacta
entre todos los peligros y accidentes que la acechan, a pesar
de que es ella, esa presencia amada, el peligro mayor,
porque no puede protegernos de su pérdida.

3

Esta imagen ilustra el libro “Érase una vez la familia” que compila cuentos tradicionales sobre diversas familias a lo largo y lo ancho del mundo.

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Acompañamos con la delicada poesía de María José Ferrada:

Escondido

Dentro de los ovillos hay un planeta de lana,
que si fueras pequeño podrías habitar.

Tejer una casa con una silla,
una ventana.

Y sentarte a mirar cómo se desenreda la tarde.

4

Forma parte de “Babakunde” y nos invita a soñar.

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Se necesita un trébol y una abeja
Para hacer una pradera,
Un trébol y una abeja,
Y soñar.
Soñar es más que suficiente
Si las abejas son pocas

Emily Dickinson

 

Ceci Moreno

Madrileña, “desde pequeña, se ha interesado por el color de las cosas. Le gusta la sencillez y los colores que transmiten alegría y serenidad”.

Ella tiene un jardín secreto de ilustración, poesía, juegos, objetos textiles. No se lo pierdan, es pura magia.
http://www.mijardinsecretoilustrado.es/home

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Poema de Carlos Battilana

III

Para no decir
que esto
es esto otro,
para no usar palabras
que los escribas cansados
se permiten
sin acertar,
retomo aquella huella,
este minúsculo aire
que el bosque
con su razón
reclama. Voces,
ruina cuyo origen
no es un hecho
sino la hiedra preciosa de la
Constancia.

2

Pertenece al libro “Ya. Nunca” creado junto a Carlos Grassa Toro

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Poema de Estela Figueroa

Mi cuerpo

Hay momentos en que mi cuerpo me parece
como una casa abandonada.

Y no sé si soy yo
o es mi fantasma
que ha entrado en él
por error.

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Poema de DENISE LEVERTOV

LA ACÓLITA
La gran cocina está casi a oscuras.
A través del plano de la luz constante, difusa,
las ollas de cobre en la pared y el geranio en la ventana
alimentan fogatas diferentes.
La hierba cuelga de las vigas su musgo negro.
Sobre la mesa, con las manos enharinadas
y los pies bien plantados
en las baldosas, una mujer
sopesa las futuras hogazas.
Levadura y harina, agua y sal,
van a encontrarse en el gran bol.
No es
en el pan que hornea, enfría y corta
en lo que piensa,
sino en el modo
en que la masa sube y cobra vida propia.
No es en el horno en lo que piensa,
sino en el modo
en que ese olor ácido se transforma
en fragancia.
Quiere poner
una rosa de plata o una campana de diamantes
en cada pan;
quiere
hornear dentro de una hogaza una maldición
y en otra, las palabras que rompen
los hechizos y transforman en ellos mismos a los héroes;
ella quiere hacer pan
que sea más que pan.

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La poesía de Paula Jiménez nos deja convertirnos en gorrión.

Los pájaros


III
Si yo fuera el gorrión
que una noche calurosa de diciembre
se sentó en una rama junto a otro
y se puso a cantar.
Y yo quisiera serlo,
silbar el tiempo que dure la canción,
cosquilla en la garganta o nerviosismo
por el ritmo inevitable.
No cantar más que eso, ni volar
si el aire está tan quieto que no ayuda.
Quedarme junto a otro repitiendo
la intimidad, la forma del amor,
vivir con calma las pausas solitarias.
Quiero decir, si yo
tuviera esa sapiencia que indicara
una razón real para quedarme
o salir a buscar.
O si supiera dónde y cuándo
los momentos elevan su señal,
si mirara el azar con ojos plenos
sin estos torpes
fragmentos de memoria,
no quedaría nada en el camino
ni sentiría vergüenza del error
o del deseo
que a veces son lo mismo.

 Ana Sender

Se reconoce fiel a la espontaneidad y a la frescura de sus primeros bocetos y trabaja hasta el final cuidando no perder aquello que aparece casi como un juego en las primeras pruebas. Su obra es punzante, original, capaz de producir por sí misma una historia.

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Texto de Las pequeñas virtudes de Natalia Ginzburg

“¿Quiénes son los otros y quiénes somos nosotros?, nos preguntamos. A veces nos pasamos toda una tarde solos en nuestro cuarto, pensando; con una vaga sensación de vértigo, nos preguntamos si los otros existen de verdad o si somos nosotros quienes los inventamos. Nos decimos que, acaso, en ausencia nuestra, todos los demás cesan de existir, desaparecen en un soplo; y, milagrosamente, resurgen, brotados de pronto de la tierra, apenas miramos. ¿No podrá ocurrir, quizá, que un día, al volvernos de improviso, no encontremos nada, ni nadie, asomemos la cabeza sobre el vacío?”

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Fragmento de “El vuelo magnífico de la noche” de Patricio Pron.

Al final hablaba con dibujos. Pero esos dibujos no los entendía nadie. Solamente yo, que entonces era chica y que crecí con él. Cuando dibujaba un barco no se parecía a un barco. Más bien se parecía a un sombrero o a un gato acostado. No había explicación. Por eso íbamos juntos a todas partes. Cuando quería decir algo lo dibujaba en una libreta que siempre llevaba, y yo lo transmitía. Lo raro es que no había relación entre lo que dibujaba y lo que deseaba pero nos entendíamos. Él dibujaba una flor y yo le preparaba una sopa que agradecia con los ojos.

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22.
Pensar en parques, en sonidos,
y añorar. Cuidar la fiebre,
querer con todo el corazón,
y envolver con todo el cuerpo.

Laura Wittner

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Poema de Dolores Etchecopar

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y un día habías perdido el juicio
habías salido a la calle
con un zapato distinto en cada pie
el derecho te sostenía apenas
en este mundo
el izquierdo calladísimo
en tu pie de niña
sin par y sin suelo
se tambaleaba en cada uno de tus pasos
nacidos para otra cosa

 

María Victoria Rodríguez

Alegre y espontánea, nos invita a atrevernos con una obra que por donde la mires es signo de libertad. Colores, texturas, humor son los ingredientes principales.

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Pertenece a la serie “Juntos”

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Equivocación 
Nos embarcamos en el Mediterráneo. Es tan bellamente azul que uno no sabe cuál es el cielo y cuál es el mar, por lo que en todas partes de la costa y de los barcos hay letreros que indican dónde es arriba y dónde es abajo; de otro modo uno puede confundirse. Para no ir más lejos, el otro día, nos contó el capitán, un barco se equivocó, y en lugar de seguir por el mar la emprendió por el cielo; y como el cielo es infinito no ha regresado aún y nadie sabe dónde está.
Karel Capek: Revista Puro Cuento Nº 14 enero/febrero de 1989
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Hay dos maneras de difundir la luz…
Ser la lámpara que la emite,
o el espejo que la refleja.
LIN YUTANG (Rep. Popular China, 1895-1976)

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Danzante de doble máscara de Diana Bellessi

Como se entra a un cuerpo. En lento descenso hacia el origen. Una voz nos llama hacia atrás y nos sostiene sobre la orilla fugitiva del presente. Viñetas en el álbum de la Aldea. Alma que abraza los océanos y se queda colgando sobre la nada. Hay agua bajo mis pies. La herrumbre de un arado y el polvo leve que marca el sitio, del pan, la escoba y la leche. Faenas invisibles que ninguna arqueología rescata. Lo que pertenece al cuerpo vuelve al cuerpo: muerte, alimento y rito. Vasija de arcilla americana.

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Poema de Wislawa Szymborska

El silencio de las plantas

La relación unilateral entre ellas y yo
no va mal de todo.

Sé lo que es hoja, pétalo, espiga, piña, tallo
y lo que les pasa a ustedes en abril y en diciembre.

Aunque mi curiosidad no es correspondida,
me inclino especialmente sobre algunas
y hacia otras levanto la cabeza.

Tengo nombres para ustedes:
arce, cardo, narciso, brezo, enebro, muérdago, nomeolvides,
y ustedes no tienen ninguno para mí.

Hacemos el viaje juntas.
Y durante los viajes se conversa ¿o no?
se intercambian opiniones al menos sobre el tiempo
o sobre las estaciones que pasan volando.

Temas no faltan, porque nos unen muchas cosas.
La misma estrella nos tiene a su alcance.
Proyectamos sombras según las mismas leyes.
Intentamos saber cosas cada una a su manera
y en lo que no sabemos también hay semejanza.

Lo aclararé como pueda, pregúntenme y ya está:
qué es eso de ver con los ojos,
para qué me late el corazón
o por qué mi cuerpo no echa raíces.
Pero cómo contestar a preguntas nunca hechas,
si además se es alguien
para ustedes tan nadie.

Musgo, bosque, prados y juncales,
todo lo que les digo es un monólogo
y no son ustedes quienes lo escuchan.

Hablar con ustedes es necesario e imposible.
Urgente en una vida apresurada
y aplazada hasta nunca.

Cynthia Orensztajn 

No hay idioma que detenga el color, ni frontera posible que pueda vencer la libertad de un dibujo. Como Cynthia dice la ilustración es la forma de comunicarse de manera universal y sumergirse en un viaje a un universo fantástico.

1

Pertenece al libro “Oliverio y los dlobs”, de Ana Beatriz Vexler (Editorial Sigmar, 2010)

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Acompañamos de “El elefante” de Idries Shah:

Había una vez un cachorro de elefante que escuchó decir a alguien: “mira, allá va un ratón”.
La persona que lo dijo estaba realmente viendo un ratón, pero el elefante pensó que se estaba refiriendo a él.
Había muy pocos ratones en aquel país y, en todo caso, preferían quedarse en sus agujeros, y sus voces no eran muy fuertes. Pero el cachorro de elefante bramó por todas partes, embelesado por su descubrimiento: “soy un ratón”.
Lo dijo tan fuerte, tan frecuentemente y a tanta gente que, créanlo o no, en la actualidad existe un país en el que casi toda la gente cree que los elefantes, y particularmente los cachorros de elefante, son ratones.
Es verdad que, de tiempo en tiempo, los ratones han tratado de argumentar con aquellos que sostienen la creencia de las mayorías, pero siempre se les ha hecho huir.

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Acompañamos su obra con un poema de Laura Forchetti

Ritmo

mi ojo izquierdo ve
más azul
parece más oscuro
nocturno

tal vez
anduvo bajo el agua
o perdido
entre las luciérnagas

mi ojo derecho es más terrestre
más inocente

lo descubrí recién
sin ningún
miedo

3

Esta forma parte de ¨Cuentos de Las mil y una noches¨ de Gustavo Roldán – Editorial SM.

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Poema de María Negroni

De rama en rama

un pájaro terrestre
sin más tripulación que su reflejo

dice que sí y que no
y que también

y con el pico arrastra
al mundo
un nido de infancia
interrogada

finísima orilla
el deseo

en la mudez del amor
se da por vencido

se inmiscuye
en su propia geografía

4

Pertenece al libro ¨La Princesa más pequeña de Sandra Siemmens de Editorial Atlántida.

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Poema de Beatriz Vallejos

Serena conexión
Una pequeña mujer china
como sería yo
bordó esta pequeña pantalla
de rafia y de colores
como lo haría yo
Leo sus manos
Leo su absorto perfil
bordando un pequeño detalle:
“Yo soy”

Lidia Sarria

Una artista que juega con las formas, las mixturas y los colores. Una poeta del pincel que nos muestra con su obra la continuidad infinita de los cuerpos y su armonía. Nos invita  a imaginar y recrear nuevas formas de mostrar la realidad, entramando eso que, muchas veces, creemos ver por separado.

1

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Poema Laura Devetach en Papelitos del pajarito remendado.

No me mires

No me mires,
que nos miran.
Nos miran que nos miramos,
miremos que no nos miren
y cuando no miren
nos miraremos.
Porque si nos miran
que nos miramos
pueden mirar
que nos amamos.

2

Esta pertenece a la serie “Confesiones”

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“El cuerpo se vuelve huella y deja su huella en otros cuerpos como la palabra. Nadie está a salvo de otro cuerpo y de otra palabra, nadie es nadie sin otro cuerpo y sin otra palabra. Sin otro cuerpo y sin otra palabra Nadie es Nada.”

Carlos Skliar: La intimidad y la alteridad (Experiencias con la palabra)

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Acompañamos con un poema de Natalia Romero 

Atlas

Yo quería sostener el mundo,
que nada se quiebre
que la luz permanezca,
caer con la confianza de las hojas
guiar la rama de la hiedra
suavizar lo ardiente,
parar la helada frente a los árboles
que la nieve no sea
más que lo que vemos antes de la flor.
Pero hay un curso que no es mío
y las cosas pueden seguir
el peso que las hunde.
Alguien tiene miedo cuando lloro
como si yo fuera un río que desborda.
Yo quería sostener el mundo
fuerte y segura como las piedras.
Sin gritar,
sacar las garras, suaves
evitar el daño.
Pero afuera una bestia
que no soy yo
espera.
Qué tiene ella de mí.
Yo quería sostener el mundo
pero el sol
para alumbrar también se oculta.

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Piensa:
Una cosa es lo que la realidad es.
Otra, cómo la vemos.
Y otra, qué hacemos para mostrarla.
Ahora, ve el mundo a través de sus óvalos
(ojos, piedra, semillas, espejos…)
Corta, trocea, recolecta óvalos.
Mezcla, combina, intercambia, prueba.
Basta con un puñado de ellos para
representar lo que tienes a tu alrededor.
Por Milimbo en Pasalimbos y Miligramas de La Leche #2

Más de la leche: http://revistalaleche.com/
https://www.behance.net/lidiasarriailustra

 

 

María José Cabral

El diseño, el soporte, su trama, el dibujo, los colores, los hilos, su textura, la tensión y la paciencia, se conjugan para crear la escena.

1

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María José parece invitarnos a respirar profundo y con calma, o –como escribe Claire-Louise Bennett en “Estanque”– “a investigar, a desarrollar la facultad de reconocer las cosas para, con el tiempo y con la práctica necesaria, adaptarse a los logos encriptados de la tierra.”

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“Los que dicen que escribir ordena el mundo nunca bordaron. Y los que dicen que los límites del mundo son los límites del lenguaje, tampoco”.

Sebastián HacherDiario de un bordador

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“Así algunas veces, en el transcurso de la vida, el alma, que sufrió porque la vida fue dura con ella, siente súbitamente un alivio, sin que hubiera acontecido nada que pudiera explicarlo”.

Fernando Pessoa  “El libro del desasosiego”

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Acompañamos de un poema de María Cristina Ramos

Todos los días

Péiname
cuando me peines
con peinecitos de escarcha,
porque los peines de luna
me despeinan las pestañas.
Lávame
cuando me laves
con jaboncitos de trébol,
pues los jabones sin suerte
se escurren entre los dedos.
Sécame
cuando me seques
con un toallón sin puntillas
pues los hilitos finitos
se pegan en mis cosquillas.
Préstame
todos los días
un sombrero para el sol,
un sol para mi sombrero
y una sombrita de amor.

 

 

Rebecca Luciani

Ilustradora Argentina, internacionalmente reconocida, editoriales de muchos países la convocan.  Su trabajo es prolífico, pleno de color, exuberante, tiene luz propia, y con sus formas nos permite viajar por paisajes tan sublimes como mágicos.

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Mar chiquito

Hay un mar chiquito
que me cabe en el bolsillo,
solo tiene una ola
y un pez amarillo.

Para navegarlo
arriba de una nuez
o para mojarse
los dedos del pie.

Este mar poquito,
este poquito mar
parece un pañuelo
y no tiene altamar.

Cuando cae la noche
sobre la costa,
el mar chiquito
duerme en una ostra.

¨YER, EL REY¨ de María Luz Malamud y Pilar Centeno, Del Naranjo.

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“Siempre hay un sujeto que mira y que mira y que cuenta. Que hace literatura. Que literaturiza.”

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“Como ven, existe de todo en este mundo: mujeres que le pegan a los perros, otras que nunca les pegan, hombres que ganan dinero por matar cucarachas, hombres que hacen una mezcla para hacer un perfume. Esto lo digo para que cuando crezcan recuerden que hay muchas cosas para hacer en la vida.”

La mujer que mató a los peces de Clarice Lispector.

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Diseña mundos mágicos: fantásticos o domésticos, cercanos o inverosímiles, único cada uno de ellos.

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Fragmento de M Train de Patti Smith (un libro muy pero muy disfrutable):

“Creo en el movimiento. creo en este alegre globo que es el mundo. Creo en la medianoche y en la hora del mediodía. Pero ¿en qué más creo? A veces en todo. A veces en nada. Varía como la luz que aletea sobre un estanque.”

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Acompañamos con un poema de Marosa di Giorgio de “Papeles Salvajes, Clavel y tenebrario”.

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Que me den la rosa,
el clavel,
la gardenia húmeda,
el ajo de papel de plata,
la cebolla,
el sapo de tes irisada,
la guinda color tinta,
la uva de pétalos grandes
como la rosa.
Que pase el viento del atardecer,
y aquella extraña cosa.

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“Es a partir del césped que tengo ante mí que creo entrever el impacto del verde en la visión de otro, es por la música que yo entro en su emoción musical, es la cosa misma la que me abre el acceso al mundo privado de otro”.

Maurice Merleau-Ponty, “Lo visible y lo invisible”

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“Mirar, escuchar: ponerse en modo esponja. Nunca deja de maravillarme el privilegio de que personas me cuenten sus historias, sus vidas; nunca deja de sorprenderme la cantidad de cosas que tantas personas pueden contante si te ven dispuesto a escuchar. Hay pocas cosas que las personas quieran más que alguien los escuche; no hay ninguna que nos sirva más que sentarnos, tener paciencia y escucharlos. Horas si es necesario, días: escucharlos.”

Sensibilidad, paciencia, disposición son para Martín Caparrós, así lo cuenta en su libro “La crónica“, cualidades fundamentales para su trabajo.

Para dibujar ¿qué se necesita? ¿Cómo o por qué alguien decide hacer del crear imágenes –o del contar historias– su oficio?
No lo sabemos.

Sabemos, sí, que las historias, crónicas periodísticas o ficción, y las imágenes, realistas o fantásticas, son oportunidades de disfrute y nutren nuestra imaginación.

 

Wonder Ponder filosofía visual para niños

Wonder Ponder, tal como la definen sus fundadoras, es una editorial de “filosofía visual para niños”. Ellen Duthie se encarga de los contenidos, Daniela Martagón ilustra y Raquel Martínez Uña edita. Las tres son incansables investigadoras de la forma y la pregunta, y llevan su experiencia a la práctica coordinando talleres, participando en congresos y formando educadores. Es una inmensa alegría para nosotras poder compartir su labor.

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¿Está siendo cruel la niña?
¿Crees que la niña merece un castigo? Si crees que sí, ¿Cuál sería en tu opinión el castigo adecuado?
¿Por qué crees que la niña está matando a una hormiga?
¿A veces puede estar bien matar hormigas? ¿Cuándo? ¿Cuántas?
¿Sienten dolor las hormigas? ¿Sienten miedo las hormigas? ¿Importa?
¿Alguna vez mataste a una hormiga o a algún otro tipo de bicho queriendo? ¿Por qué lo hiciste?
¿Qué harías si vieras a esta niña?

2

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¿Tomaste alguna vez sopa de gato?
¿Por qué nos cuesta pensar en la idea de sopa de gato?
¿Qué cosas no comerías nunca jamás? ¿Por qué?
¿Alguna vez sentiste pena por lo que había en tu plato? ¿Qué era? ¿Por qué crees que te dio pena?
¿Qué es más cruel, comerse un animal que vivió una vida feliz o comerse un animal que vivió una vida dura? ¿Por qué?
¿Y comer seres humanos? ¿Sería cruel? ¿Sería peor que comer animales? ¿Por qué?
¿Hay alguna diferencia entre comer pollo y comer gato? ¿Cuál es exactamente la diferencia?

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¿Cuáles son los límites de castigo? ¿Cómo decidimos lo que es aceptable y lo que no es aceptable como castigo?¿Los castigos funcionan? ¿Son a veces necesarios los castigos? ¿Por qué crees que los niños están castigando al hombre? ¿Para qué sirven los castigos? Si crees que a veces está bien castigar. ¿quién debería poder decidir a quién castigar y qué castigo imponer? ¿Te causa gracias pensar que unos niños pueden castigar a un adulto? ¿Crees que los castigos son crueles? ¿Siempre? ¿o a veces está bien?

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¿Debemos obedecer siempre? ¿O hay veces en las que debemos desobedecer o ignorar a la autoridad? ¿Obedecerías las órdenes de la reina y matarías a Blancanieves? Si el cazador matara a Blancanieves, ¿quién sería responsable de la muerte? ¿El cazador o la reina? ¿Alguna vez obedeciste una orden que te hizo sentir que estabas haciendo algo mal? ¿Cómo podemos hacer a quién debemos obedecer y a quién desobedecer? Si el cazador matara a Blancanieves ¿sería cruel? ¿O serías justificable dado lo que podría ocurrirle si no lo hiciera? ¿Por qué crees que el cazador desobedece a la reina poniendo su propia vida en riesgo?

 

Josefina Wolf

Sus obras tienen la espontaneidad completa del instante y la sorpresa del movimiento, el trayecto continuo entre lo inmóvil y lo infinito.
Sus dibujos, como la luz del fuego, se atesoran en la mirada y deleitan lo real, para siempre.

La acuarela, la tinta, los lápices. El dibujo, el collage. Materiales y técnicas se transforman en ejercicios de búsqueda y creación personales. Hay, en el trabajo de Josefina Wolf , tradición e historia que se reconocen y se reinterpretan en cada trazo para producir una idea –una imagen– tan inédita como propia.

 

1

Esta imagen fue creada para ilustrar textos de Natalia Litvinova publicados en Malón Malón.
http://malonmalon.blogspot.com.ar/2013/05/natalia-litvinova-hecha-de-dias-y-de.html

MM-Josefina-Wolf---Sobre-Litvinova-web.jpgElegimos la poesía de María Negroni.

POÉTICA
empieza como espiral de nada
con esa precisión
y luego avanza a ciegas
es decir retrocede
a cierto cielo
aún desconocido
y en ese movimiento
nunca lo que es
aparece
ni siquiera
lo que no es
pero algo se va
sin hacer ruido
y vuelve a empezar
por otro lado
a esto se le llama
desaparecer en lo real

 

 

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Acompañamos especialmente con uno de los poemas creados desde la experiencia de los talleres de Cosas Invisibles, en esta oportunidad con niños y niñas de 3 a 5 años de la Biblioteca Pocho Lepratti.

Turismo
Zapallandía es un lugar,
adivinaron,
fundado por un zapallo
y una sandía.
Lo que aún no saben
es que zapallo y sandía
se hicieron amigos
en una choripaneada.
¿Que no lo creen?
¿Que es imposible?
Allá, el viento sabe soplar.
Los dinosaurios
se cepillan los dientes
muy rápido.
Los malos pelean
y hacen ruido.
A veces, a la luna,
le falta un pedazo.
Allá, los juguetes
¡Son gratis!
Y la escuela:
¡Abierta todos los días!
¿Todavía no lo creen?
¿Que es todo fantasía?
No se queden con la intriga.
¡Visiten Zapallandía!

 

 

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Acompañamos con un poema de Carmen Iriondo del libro “Animalitos del cielo y del infierno” editado por Eloísa Cartonera.

LOS CONEJITOS

La coneja blanca y gris
se disfrazó de princesa
para conquistar a Alejo,
el Gran Cantante Conejo.

Pero a Alejo le faltaba
nada menos que un dientito,
pobrecito, se quedaba
sin cantar, mudo y solito.

Comía sus zanahorias
muy despacio sin morder,
y mojaba sus bigotes,
con lágrimas sin querer.

Pero frunciendo las ñatas.
las orejas para atrás,
se fueron perdiendo el miedo
y empezaron a noviar.

Se casaron y tuvieron
cien conejitos en fila:
pelotitas de algodón
espolvoreadas de harina.

Algunos con un dientito,
otro con dos o con tres,
pero todos bailarines
y que cantaban muy bien.

Alejo, Aleja y los chicos
son tan buena compañía
que todos los animales
conocieron la alegría.

 

 

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“Mis movimientos y los de mis ojos hacen vibrar al mundo, como se mueve un dolmen con un dedo sin quebrantar su solidez fundamental; en cada uno de mis parpadeos, una cortina baja y sube, sin que yo piense inmediatamente en imputar a las cosas ese eclipse; en cada movimiento de mis ojos, que recorren el espacio ante mí, las cosas sufren una breve torsión de la que también me hago cargo”.
Maurice Merleau-Ponty, “Lo visible y lo invisible“.

 

 

Gabriela Burin

Vive en Buenos Aires, estudió Bellas Artes en el IUNA (Instituto Universitario Nacional de Artes), ha ilustrado libros de importantes autores y también ha publicado como escritora.

“El humor está presente en la mayoría de mis libros. Trabajo desde el humor, porque el humor está muy presente en mi vida, en mi personalidad, en mi historia personal, en cómo fui educada. Creo que es importante aprender a reírse de uno mismo. Y prender que la risa es sanadora. Puede ayudarnos a sobrellevar las situaciones más difíciles, a desdramatizar lo que parece terrible. Creo que es una linda enseñanza para trasmitir a los chicos”.

 

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Pertenece a “Cuando sea grande” con texto de Magdalena Helguera. Libro premiado en 2014 en la categoría “Ilustración” de ALIJA, la Asociación de Literatura Infantil y Juvenil de la Argentina.

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Acompañamos con la poesía de la santafesina Amelia Biagioni

“Manifiesto”

Yo me resisto,
en la calle de los ahorcados,
a acatar la orden
de ser tibia y cautelosa,
de asirme a la seguridad,
de acomodarme en la costumbre,
de usar reloj y placidez,
aventura a cuerda,
palabra pálida y mortal
y ojos con límites.
Yo me resisto,
entre las muelas del fracaso,
a cumplir la ley de cansarme,
de resignarme,
de sentarme en lo fofo del mundo
mortecina de una espada lánguida,
esperando el marasmo.
Yo me resisto,
acosada por silbatos atroces,
a la fatalidad
de encerrarme y perder la llave
o de arrojarme al pozo.
Con toda la médula
levanto, llevo, soy el miedo enorme,
y avanzo,
sin causa,
cantando entre ausentes.

 

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Pertenece a “Ventanas”

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Poema de Sonia Scarabelli:

Tranquilidad de hablar

Hablo con la tranquilidad
de los que no tienen que ser oídos,
de esos a los que nadie tiene que escuchar.
Ahora mismo soy como el pajarito
al que no le acierta ninguna piedra,
el pez al que no lo pescan, feliz en el agua.
Las palabras me arropan este rato
que lo paso hablando con vos
y no siento nada de frío
y no me asusta ni un poquito la oscuridad.
Mirá cómo ya todo lo que decimos
se hace de la sombra,
y nadie nos escucha ni a vos ni a mí,
y hablamos muy tranquilos
como si conociéramos la lengua de los pájaros.
Mirá cómo lo que decimos la perfuma a la noche,
igual que si las palabras se abrieran como flores,
como si nuestro idioma fuera una flor rarísima,
de esas que se abren
aunque no haya luz.

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Esta ilustración se realizó para el texto “Comidas y Caprichos” de Claudia Piñeiro presentado en la Revista “El Gourmet”
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El collar de fideos de Roberta Iannamico

Me hago un collar de fideos
un collar largo
que haga ruido
bajan los fideos
como gotas
por la lana
manguitos de fraile
también me hago una pulsera con los fideos
y todos se enteran
cuando muevo las manos
si tuviera uñas largas
me las pintaría de rojo
y golpearía las mesas
las tazas
las cosas de vidrio
como una lluvia suave
un pétalo de malvón
sobre cada uña
y uno de margarita
pegado con saliva
en la mejilla
es una lágrima blanca
una tristeza de amor.

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Esta forma parte de “Cuando sea grande”
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“Ékstasis” de Diana Bellessi

Moverme en lo abierto
como lo hace el cazador
bañar y silbar como el viento
en lo abierto
como la roca en el torrente y la piedra
en el granizo y el mosquito
con sus ojos abiertos
solamente a ello y nada más
en lo abierto
de una forma impensada
sin ver
ya nada, ya nada

 

 

Elena Odriozola

Ilustradora, sobre todo de libros de literatura infantil y juvenil.
En la presentación de Domestika, una página que muestra parte de su trabajo, cuenta que ” comenzó hace 19 años haciendo alguna ilustración para libros de texto y más tarde un cuento, luego otro…forjando una carrera poco a poco, sin prisas ni pretensiones. Admite que dedicarse a la Ilustración fue algo que vino solo, como si tuviera que ser así, sin poder evitarlo, y que durará mientras lo disfrute”.

 

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Fragmento de “Wonderland, un viaje maravilloso” con textos de Cristina Camarena e ilustraciones de lady desidia, Editorial Lumen.

Mirar el mundo con gafas nuevas

Lista de ideas para vivir creativamente

Buscar las maravillas que se encuentran en los márgenes de la vida.
Dibujar puertas donde hay muros e inventar llaves para abrirlas.
Sembrar poesía en el desierto para provocar oasis de palabras.
Llenarse la cabeza de pájaros y anidar en las nubes.
Leer lo que no está escrito.
Encontrar unicornios aunque no existan…

 

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Acompañamos con un poema de Amelia Biagioni

Cada día, cada noche

Cada día
me levanto sin nombre,
y en la nuca
una sombra
tenaz, ajena, a filo,
me acusa desde siempre;
y la culpa
total, indescifrable,
entera, me usurpa,
no sé quién soy, me oculto, huyo,
y me pierdo extranjera.
Hasta sentir,
cada noche,
una luz
fiel, entrañable, mansa,
que vuelca desde siempre
río, libélulas, sol, trébol
en mi cabeza más lejana,
y le apoya
alguna, aquella mano;
y cuando empiezo a recordarme,
un ruido sucio, espeso,
de sombra,
se interpone en la nuca
y despierto
sin nombre.

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Creada para la edición de Nórdica de “Frankenstein”, el clásico de Mary Shelley.
Las escenas en papel que fueron fotografiadas componen un teatrito que cuenta una historia nueva. Una lectura personal que, sin embargo, muestra un vínculo íntimo el clima fatídico de la novela.
En una entrevista de 2014, Elena contó: “En mi interpretación, la protagonista es receptora de unas cartas (igual que en el libro) y por alguna razón que no sabemos y que cada cual tiene que imaginar, toma una decisión muy difícil y abandona a su hijo. Pero no puede asumir lo que ha hecho”.
“En realidad la criatura es una sombra, es algo que ella (la protagonista) crea y representa la culpa que la devora. El doctor Frankenstein no se hace responsable de su creación y la abandona a su suerte. Aunque creo que él traslada gran parte de la culpa a la criatura que creó, algo injusto e infantil y que no le sucede a mi protagonista”.
Pueden leer la nota completa aquí:
http://www.telam.com.ar/notas/201409/78793-frankenstein-desde-la-mirada-de-la-ilustradora-elena-odriozola.htmlY ver el video del teatrito acá:
https://www.youtube.com/watch?v=cf31RMi6yEg
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“Cada vez más cerca” de Elvio Gandolfo 
“Recuerdo ese día como la primera vez en que fui consciente de que cuando pasaba eso, y la gente, incluso yo mismo, se sentía aplastada por la pena y el no saber qué hacer, siempre era un alivio que alguien cercano -literalmente: en el espacio- abriera los brazos y permitiera que la cabeza se apoyara sobre su hombro, apretando al doliente en un abrazo ni fuerte ni débil, puramente receptor de la energía en desaparición.”

 

Isidro Ferrer

Un artista que (se) descubre en el dibujo, diría John Berger.
Un diseñador que (se) explora en la incomodidad del lenguaje.
Un pensador obrero de palabras.
Un poeta aventurero con el que podremos viajar y conocer otras galaxias.

–¿Cuál diría que es su mayor habilidad y cómo la ha ido perfeccionando a través de los años?
–Dudar. Dudo con una facilidad endiablada.
Voy mejorando esta habilidad con el tiempo y el uso.
A dudar se aprende cuestionando todo permanentemente, incluso a uno mismo.

http://www.abc.es/cultura/cultural/abci-estamos-matando-cultura-visual-empacho-201607140346_noticia.html

 

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Estas obras  pertenecen al libro  “Los sueños de Helena” de Editorial Zorro Rojo
http://www.isidroferrer.com/index.php?%2Fnovedades%2Flos-suenos-de-helena%2F

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“Serán los niños quienes construirán sus filosofías y sus modos de producirla. No es mostrando que los niños pueden razonar como adultos que vamos a revocar el destierro de su voz. Por el contrario, en ese caso las habremos cooptado, lo que constituye otra forma de silenciarlas. Más bien, deberíamos prepararnos para escuchar una voz diferente como expresión de una filosofía diferente, una razón diferente, una teoría del conocimiento diferente, una ética diferente y una política diferente: aquella voz históricamente silenciada por el simple hecho de emanar de personas estigmatizadas en la categoría de no adultos…”
Walter Kohan. “Filosofía y niñez: Posibilidades de un encuentro”.
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Es parte de “Los sueños de Helena” de Eduardo Galeano. Barcelona, Libros del Zorro Rojo, 2011.
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“Es necesario tomar al pie de la letra lo que nos enseña la visión: que por ella tocamos el sol, las estrellas, estamos al mismo tiempo en todas partes, tan cerca de las cosas lejanas como de las próximas.”
Maurice Merleau Ponty, El ojo y el espíritu.

 

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Esta es del libro “Una casa para el abuelo”. Texto de Grassa Toro. Primera edición: París (Francia), Editions Thierry Magnier, 2001. Segunda edición: Madrid, Ediciones Sinsentido, 2005. Tercera edición: México D.F., (México), SM, 2004.

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“La risa se desparrama por el suelo, un diente aquí y otro allá.”
Mempo Giardinelli, Soñario.

 

Gabriel Pacheco

“Uno aprende a leer cuando ilustra. Yo he aprendido a leer, no sólo el texto, sino que a mí mismo, al mundo”.
http://www.fundacionlafuente.cl/gabriel-pacheco-no-hay-nada-gratuito-en-la-ilustracion/

 

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Esta primera ilustración inspirada en “El libro de la selva” de Rudyard Kipling, obra de la que compartimos un fragmento.

“Se encontró frente a él. Estaba apoyado ligeramente en una rama baja. Era un niño moreno. Apenas podía andar. Era precioso, apretado de carnes, fino, desnudo, una criatura perfecta. Jamás se había presentado algo semejante ante la cueva de un lobo. El niño lo miró y se rió tranquilamente, sin miedo alguno.”

Aquí pueden encontrar el libro completo:
http://www.ataun.net/BIBLIOTECAGRATUITA/Clásicos%20en%20Español/Rudyard%20Kipling/El%20libro%20de%20la%20selva.pdf

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Se llama “La luna”

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Acompañamos con la poesía de Paula Jiménez:

Mejor es ser conciente, observar/ la cotidiana conclusión de las cosas/ que se avienen con la luz/ y terminan en la sombra. Cada día/ se aprende esto,/ solamente hay progresión hacia la noche/ cerramos los ojos y olvidamos la vida/ y la materia,/ no sólo eso que nos rodea/ sino lo que somos, es decir/ lo que no será.
Espacios naturales, Bajo La Luna, Buenos Aires, 2009.
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Pertenece al libro “El viaje increíble” de Anna Castagnoli, OQO editora, 2008.
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Elegimos acompañarla de un fragmento de “Un soplo de vida” de Clarice Lispector:
“Lo único que sé: en este momento estoy escribiendo: ‘en este momento’ es algo raro porque sólo a veces piso con los dos pies la tierra del presente: en general un pie resbala hacia el pasado, otro pie resbala hacia el futuro. Y me quedo sin nada.”

 

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Clarise Lispector

“Escribo como si estuviera durmiendo y soñando:
las frases desconectadas como en el sueño.
Es difícil, estando despierto, soñar libremente en mis remotos misterios. Hay una coherencia -pero solamente en las profundidades-. Para quien está en la superficie y sin soñar las frases nada significan. A pesar de que aún despiertos, algunos saben que se vive en sueño en la vida real.”
¿Qué es lo real?

 

Sabina Álvarez Shürmann

Sus dibujos se componen mágicamente entre lo expresivo y lo profundo que circula por sus líneas y colores. Sus ilustraciones por sí mismas son un cuento, te transportan y te abrazan en la aventura del relato.

 

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Esta ilustración forma parte de la Edición libros de lectura para la escuela de SM

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“Comeré”, dijo Alicia, “y si me hace más grande, puedo alcanzar la llave, y si me hace más pequeña, puedo deslizarme por abajo de la puerta, así que de una u otra manera entraré en el jardín, y no me importa por cuál de las dos ocurra!”.

Lewis Carroll, Aventuras subterráneas de Alicia.

 

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Y de yapa, es una invitación a leer, a descubrir escritores y literaturas. Como la del mexicano Ramón López Velarde que escribió:
“Solo una cosa sabemos, el mundo es mágico.”
http://elpais.com/elpais/2012/11/01/opinion/1351792559_193447.html?id_externo_rsoc=FB_CC

 

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Esta ilustración de Sabina pertenece a una edición Libros de lectura para la escuela de editorial SM

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“Aprender a estar en esa orilla más allá del ruido, de las palabras, aún de la memoria. En esa zona salvaje. Aprender a estar en la intemperie. En eso consiste… De eso se trata ser poeta.”  Alicia Genovese

 

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Acompañamos de poesía de Roberta Iannamico.

Discípula

¡al fin!
¡salir afuera!
¡al sol!
¡hola sabio!
¡instrúyeme!
Instrúyeme hormiga
instrúyeme bicho bolita
instrúyeme viento
que yo baile y cante con tu fuerza
con tu suavidad
instrúyanme
niños.

 

Natalia Colombo

“Ilustrar es la mejor forma de expresarme, y también de conocerme. En el momento en que termino un proyecto, lo que más me motiva es la posibilidad de llegar a las manos de un niño o de un adulto. Que se apropien de él; de esa posibilidad de poder contarles cómo es mi mundo, cómo me imagino personajes e historias.” 

Su obra acompaña treintena de libros, cada uno especial con sus colores, paisajes, texturas, un sinfín de ternura y belleza por explorar.

 

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Acompañamos con un cuento de Graciela Montes

Cuento con Odo

Algunos datos acerca de los odos
Los odos son chiquitos.
Los odos usan flequillo y zapatos redondos.
Los odos juegan al fútbol con arvejas.
Los odos viven en latitas de azafrán.
La mayor parte de los odos viven en el Fondo del Jardín o en el Terreno de Enfrente.
Los odos comen pasto. También toman mate.
Los odos no vuelan.
Es muy común ver a un odo sentado arriba de un trébol petiso.
Cuando saludan, los odos dicen: AO.
Cuando están asustados, los odos dicen: LU.

Sanchodo Curador
Aunque parezca mentira, hasta el odo más pintado se lastima a veces o se enferma. Así que en el Fondo del Jardín, en el Terreno de Enfrente (y en cualquier otro oderío como la gente), además de odos carpinteros y odos pintores, de odos mecánicos, de musicodos, de odos viajeros y de inventodos tímidos, hay algunos doctodos que se ocupan de curar.
Por ejemplo: un odo aventurero que llega de su viaje con moretones y raspones se va enseguida a la latita de azafrán del doctodo Dos, que le pone vendas y le hace sana sana.
En cambio, los odos con dolor de panza de tanto comer trébol y ligustrina se van corriendo a ver al doctodo Tres para que les haga un té de margarita.
Pero cuando un odo está violeta o verde limón lo mejor que puede hacer es ir cuanto antes a la casa de Sanchodo Curador.
Como bien se sabe, cuando a un odo le viene la tristeza primero pone cara de triste, después llora hojitas y termina por ponerse verde limón. En cambio los odos asustados primero ponen cara de asustados, después dicen LU y después se ponen violeta violeta. Y el único que sabía qué hacer con un odo violeta o verde limón era Sanchodo Curador.
Primero se acomodaba bien los anteojos (que, como los odos tienen poca nariz, siempre se les andaban cayendo), después miraba bien bien, le hacía un mimo en el flequillo al enfermo y preguntaba:
—¿Y usted por qué anda tan tristón, amigo?
O si no:
—¿Qué le pasa que se lo ve tan asustado, compañero?
Y ahí nomás el odo empezaba a perder verde limón o a perder violeta y se le iba pasando la tristeza y el susto mientras contaba y contaba. Después, un caldito de helecho y a casa. Así siempre.
Pero un día Sanchodo Curador tuvo que vérselas con un caso muy difícil. Estaba tomándose unos mates con Teodo, en la puerta de la lata, cuando de pronto la ve a Odana, que venía corriendo a todo lo que le daban los zapatos y gritando:
—¡Don Sanchodo, don Sanchodo! ¡Si usted viera!
—¿Qué pasa, Odana? —preguntó Sanchodo Curador bajándose del trébol.
—Odosio está metido debajo de una piedra, más violeta que no sé qué, y no dice nada, nada más que LU LU LU todo el tiempo. Me parece que es grave, don Sanchodo.
Cuando llegaron a la piedra ya estaban reunidos el grillo Gardelito, Nicolodo, la Mariposa del Jazmín, tres vaquitas de San Antonio que venían de hacer las compras y cuatro odos chicos que estaban jugando al fútbol en la canchita del malvón.
Claro que todos se hicieron a un lado cuando lo vieron venir a Sanchodo Curador. Al fin de cuentas era el único que sabía algo de odos asustados.
Sanchodo se acomodó los anteojos, miró lo mejor que pudo el pedacito de Odosio que se veía debajo de la piedra y dijo, como siempre:
—¿Qué le pasa que se lo ve tan asustado, compañero?
Pero Odosio no estaba para contestar preguntas. Lo único que se oyó fueron tres LUS y dos suspiros.
—Lo habrá asustado algún sapo —sugirió Gardelito.
—O un grillo burlón —le retrucó Humberto, el sapo.
—O un gusano con careta.
Sanchodo Curador se acariciaba las orejas porque estaba pensando con mucha fuerza.
—Hay que averiguar —dijo por fin—. Y para averiguar hay que ir. Y de ir, mejor que vayamos todos, así no nos asustamos.
Entonces Renato, el gusano, se metió debajo de la piedra y le preguntó a Odosio dónde se había asustado y Odosio dijo LU LU LU LU LU, como cinco veces, y señaló hacia el Patio.
Ese mismo día se pusieron en marcha nueve odos, dos grillos, tres vaquitas de San Antonio y cuatro gusanos. Por suerte el sapo Humberto también iba, haciendo de colectivo, así que tanto no tardaron.
Cuando llegaron a la Frontera de los Rosales, Sanchodo Curador les dijo a todos que se bajaran de Humberto y que siguieran a pie, despacito y agarrados de la mano, para no ponerse violetas. Y despacito despacito, a pasito de odo, a salto de grillo y a panzada de gusano, llegaron hasta la primera baldosa. Allí empezaba el Desierto del Patio.
De pronto todos los odos gritaron LU y los grillos y los gusanos y las vaquitas de San Antonio y el sapo Humberto, que no sabían gritar LU, dijeron ¡Oia! Porque ahí no más, tomando sol como si tal cosa, estaba el gato Pato con todos sus bigotes.
Violeta lo que se dice violeta no se pusieron, pero un poco lila sí. Y no es que el gato Pato fuese un gato demasiado grande, pero hay que tener en cuenta que los odos son tirando a muy chicos.
Sanchodo Curador se dio cuenta de que tenía que pasar al frente, y se adelantó una baldosa roja. Y después otra blanca. Y después otra roja. Y cuando estaba casi casi al lado de los bigotes, el dueño de los bigotes abrió un ojo verde. A Sanchodo le pareció el portón de un garage. Y justo cuando estaba por ponerse violeta violeta el portón volvió a cerrarse.
Sanchodo se acomodó los anteojos, se peinó el flequillo y dijo:
—Este gato no es para asustar a nadie.
Y mientras volvían al Fondo, montados en Humberto, pensaba que un día de ésos iba a volver al Desierto del Patio, para preguntarle al gato qué se opinaba por allí del caldo de helecho tibio.

 

 

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“El tiempo es también lo que puede estar lleno o vacío” Paul Ricoeur.

 

 

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Lucía Seisas

 

Ilustra, dibuja y crea sus personajes

 

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Acompañamos con un poema que nos gusta mucho de Laura Wittner

Eso no se hace

Los tigres no titilan.
Los minutos no salpican.
Los yuyos no preguntan por preguntar.
El azúcar no truena.
Los trenes no se cambian las medidas cuando están húmedas.
El teclado no mira de reojo (¿o del piano sí?).
Los ovillos de lana no tararean.
Las tortas de cumpleaños no rebotan.
El cielo no huele a torta horneándose.
Pero mientras leías este poema titilaron los tigres
y hubo azúcares tronando y minutos salpicando,
y rulos cacareantes y ovillos tatareantes,
yuyos que preguntaban por preguntar nomás,
tortas de cumpleaños que dale rebotar,
trenes cambiándose las medias húmedas,
teclados mirando de reojo…
y un cielo humeante con olor a bizcochuelo.
¿Entonces? ¿Eso se hace o no se hace?

 

 

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Compartimos con una canción Rosario Bléfari: Rosario Bléfari.
https://www.youtube.com/watch?v=6JN-l-x5HNQ

 

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Compartimos con Extractos de “Un abrazo” de María Baranda:

Cuando es larga la noche y fría y oscura
y no hay luna que alumbre
los sueños que hay en mi cama… ¡un abrazo!
Cuando corro y persigo
a un fiero león en el pasto
o una larga jirafa en el vidrio…¡un abrazo!
Cuando hay tanto ruido afuera en la calle
entre coches y motos y grandes camiones
y toda la gente pasa de prisa o corre… ¡un abrazo!
Cuando es tarde de lluvia
y cantan las ranas y brincan los sapos
y hay fuertes trueno y horribles
relámpagos… ¡un abrazo!
Cuando el sol está brillante
y yo grito que soy un enorme caballo
que corre junto a perros y gatos… ¡un abrazo!

 

 

Leire Salaberria

Nació en Andoain (España) en 1983. Actualmente, vive y trabaja en San Sebastián. Se ha especializado en Bellas Artes en Bilbao y tiene un postgrado en ilustración infantil que hizo en Barcelona. Desde 2011, cuando publicó su primer libro, han editado sus ilustraciones, ha expuesto en varios países y su obra ha conseguido importantes premios. Según cuenta en su página de internet, ilustrar libros para niños, es su trabajo favorito.

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Esta imagen  pertenece al libro “Martín en el mundo de las cosas perdidas” con texto de López Rubio (Ed. Bambú. 2015).

La combinamos con un descubrimiento reciente que también recomendamos: una poesía de Douglas Wright.

Martín y María

Martín y María
andan por la calle
y van de la mano
con mucha alegría.

Martín y María
nadan en el agua;
para él está bien,
para ella está fría.

Martín y María
ruedan por el pasto
y se van descalzos
por el mediodía.

Martín y María
hablan y hablan y hablan…
Hablan todo el tiempo,
hablan todo el día.

Martín y María
se sientan muy juntos
y toman la leche
en lo de una tía.

Martín y María
juegan en el patio
y después descansan
en la galería.

Martín y María
por fin se despiden
—”chau, hasta mañana”—
hasta el otro día.

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Y como nos gustó mucho Douglas Wright, compartimos una de sus adivinanzas “sin solución”, tal como él mismo las define en su blog:
http://eljardindedouglas.blogspot.com.ar/search/label/Adivinanzas
Eso que anda por el aire
como una bola de fuego
anda un rato encendido
pero se apaga luego.Camino un rato a su lado
pero después yo me alejo;
cuando otra vez se me acerca,
muy tranquilo yo lo dejo…Está quietito, muy quieto
en medio de un pozo oscuro;
primero parece blando
pero resulta que es duro.Está sentada a mi lado
en el banco de la plaza;
cuando yo emprendo el regreso
ella me sigue hasta casa.
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“El cuerpo del filósofo es, antes que nada, un cuerpo enamorado, aguijoneado por un deseo que lo lleva al encuentro de los otros”.
Marina Garcés. Un mundo común

Isol

Es ilustradora, cantante  y muchas veces también autora de los textos de sus libros. Ha publicado libros como autora integral (texto y dibujos), a la vez que ha ilustrado obras de escritores como Jorge Luján, Graciela Montes y Paul Auster. Con más de veinte títulos publicados en México, España, Suiza, Portugal, Bélgica, EE.UU., Francia, Noruega, Estonia, Canadá, Turquía y Argentina y traducidos a trece idiomas, su trabajo ha sido reconocido internacionalmente con el Premio Golden Apple en 2003 (Bratislava), la selección como finalista del Premio Hans Christian Andersen en 2007 y en 2013 con el Astrid Lindgren Memorial Award (ALMA) en Suecia, considerado como el Nobel de la literatura infantil, entre otros premios. Algunos títulos: Nocturno, La Bella Griselda, El Globo, Tener un patito es útil, Vida de perros, Secreto de familia (editados por FCE), Piñatas (ed. Del Eclipse), Pantuflas de Perrito (Pequeño Editor).

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¿Qué es el tiempo? ¿Se puede guardar, ahorrar, acumular? ¿Se puede adelantar o atrasar?
¿Qué es “perder tiempo”? ¿Se puede recuperar?
¿Qué marcan los relojes? La sucesión regular y constante de segundos, minutos, horas ¿coincide con nuestra experiencia del tiempo?
¿El tiempo aparece? ¿es un límite? ¿el tiempo se transita?
¿Se puede viajar en el tiempo? El tiempo ¿vuela?

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Elegimos acompañarla de un poema de Pablo Neruda de “El libro de las preguntas“.

LXIII

Cómo se acuerda con los pájaros
la traducción de sus idiomas?

Cómo le digo a la tortuga
que yo le gano en lentitud?

Cómo le pregunto a la pulga
las cifras de su campeonato?

Y a los claveles qué les digo
agradeciendo su fragancia?

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Nos encantó esta niña con fuego de ISOL.
La presentamos junto a un fragmento de “El baile diminuto” de María José Ferrada y Sole Poirot.
A los animales diminutos se los puede encontrar
en orillas de ventanas,
fondos de jarrones,
nidos de zorzal,
ramas de níspero,
raíces de árbol.
Sólo hay que seguir ese zumbido
que se cuela por la rendija del mundo.Seguir ese zumbido
y mirar atentamente.

 

 

Yael Frankel

¿Qué lugar ocupa el dibujo en tu vida?, ¿Qué hace que un dibujo te guste?
“Si bien no soy de las que se “la pasa dibujando el día entero”, sí lo hago dentro de mi cabeza. Cosa que veo que llama mi atención y ahí estoy, dibujándola “para adentro”. En general, los dibujos que me gustan, que me provocan algo, tienen que ver con la imperfección: las líneas desparejas, la perspectiva desacomodada, las dimensiones ridículas. Esos son los que más me gustan sin duda!”

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Pertenece a “A simple vista”
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Pertenece al libro “Un hueco” editado por Calibrascopio en 2015

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Paloma Corral

Estudió Bellas Artes en la Universidad Complutense de Madrid y cuando termina en 2009 se va a vivir un año a París con una beca del Ministerio de Educación. En esa ciudad llena de ilustración y libros ilustrados descubrió lo que quería hacer en la vida. De vuelta en Madrid estuvo trabajando en algunos estudios de diseño y comunicación mientras realizaba algunos cursos con ilustradores profesionales como Miguel Tanco, Kitty Crowther y Javier Zabala.

Desde 2012 ilustra para editoriales, estudios de diseño e instituciones públicas. Ha trabajado con clientes como Edelvives, Santillana, Kite edizioni, Matadero Madrid, Travel+Leisure Magazine, Ediciones Jaguar, Ediciones Crusoe, Apila Ediciones, Ultraradio, Revista Caramba.

Compagina la ilustración con la docencia, algo que le aporta siempre nuevas y bonitas experiencias. Imparte talleres artísticos para niños en bibliotecas, colegios y festivales y ferias relacionados con la ilustración y el libro. También da clases de ilustración para adultos en la escuela de Arte Kroom de Madrid.

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Mariana Ruíz Johnson

Nació en 1984 en Buenos Aires, Argentina. A partir del 2005 comenzó a formarse como ilustradora en la Escuela de Arte Sótano Blanco, con el profesor José Sanabria. En 2009 su proyecto de libro-álbum Irupé Yaguareté fue finalista del premio A la Orilla del Viento. Es docente del Taller Procesos Creativos en su país natal, donde ha participado en varias exposiciones.

Acompañamos esta serie de ilustraciones con un poema de Laura Forchetti en “Donde nace la noche”

vamos a esperar
una estrella
que caiga
hay que abrir la boca
y tragarla,
te deja la lengua blanca
como escarcha

Dale,
pedí tres deseos.

Que se cumpla
que se cumpla
que se cumpla

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Decur

 

Dibujante y rosarino

“Dibujar es una forma de representar lo que tengo dentro. Al igual que un músico o un poeta, sacar lo de uno para compartirlo con los demás. Me siento bien solo por el placer de hacerlo y me excede de alegría cuando otra persona siente cosas por lo que hago. Cuando tengo una hoja en blanco, siento un placer indescriptible.”

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Escritorio “itinerante”

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“Soy un escritorio antiguo lleno de cajones. En ellos están los árboles y el río, los lápices y los truenos, la luz y los papeles. En ellos están los perros pero también las termitas.”

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